sábado, 5 de septiembre de 2026

CAMBIO DE CANAL

 Para hablar de la lengua, esa señora entrometida que nunca pide permiso, hay que tener más cuidado que al cruzar la Av. Ejército en hora punta. Porque la muy flaca, larga y sin hueso, parece inofensiva, pero es un arma de doble filo: hoy te sirve para recitar a Garcilaso y mañana te deja como chismoso barato en la esquina de la tienda. La lengua, esa víbora triperina, se activa en suegros, vecinos y políticos en campaña, y lo peor: si te la muerdes, quedas envenenado, como quien se traga su propio veneno verbal.

Pero ojo, no estamos hablando de la sinhueso literal, la que cuelga de los tenis del barrio ni de la carne musculosa que se mete en problemas cada vez que abrimos el hocico. Aquí el asunto es más fino: la lengua atribuida al Manco de Lepanto, don Miguel de Cervantes Saavedra, que empezó como latín vulgar, se disfrazó de romance latino, se ordenó con Fernando II, El Sabio, y terminó en castellano, ese idioma que hoy usamos para insultar con elegancia y mandar memes con abreviaturas que harían llorar a Nebrija.

La lengua, mi querido choche, no es un fósil en el museo. Es un organismo vivo, cambiante, que evoluciona más rápido que los precios del mercado San Camilo. Y mientras más avanza, más metemos la pata: hablamos wadas, inventamos palabritas, y le cantamos sus verdades al hijo de la vecina que tampoco domina la suya. Es decir, un festival de errores compartidos.

Desde sus inicios, la lengua fue ceremoniosa y confusa, mezclada con corrientes diversas en los bajos fondos, pero también hermosa y sonora. Luego vinieron las reglas, la gramática, los diccionarios, y aun así siguió siendo explosiva: suegra contra nuera, novio contra esposa, varón contra varona. Y como si fuera poco, llegaron las economías lingüísticas: abreviaturas, símbolos, acrónimos, y ahora los emojis, que son la gramática oficial del siglo XXI.

¿Y esto tiene solución? Pues claro que no. La inteligencia artificial, el sentido común (ese fósil en extinción) y la desaparición del pensamiento crítico nos han dejado en modo “mute”. Hoy se propone volver al libro, conversar, discutir, prohibir el celular y defender argumentos como gladiadores del Coliseo. Pero claro, eso suena tan utópico como pedir que los noticieros no exageren.

La IA, esa prima digital que todo lo sabe, ya prevé el desmedro de la mente humana. Y no es para menos: la usamos indiscriminadamente, como quien mete ají rocoto en todo plato. La máquina podría terminar decidiendo que somos incapaces de merecer seguir viviendo, porque preferirá lo exacto, lo cabal y lo completo. Mientras tanto, nosotros seguimos peleando por si se dice “haiga” o “haya”.

Así que, para no vivir en sobresaltos, hay que hacer un esfuerzo mundial: inclusión, respeto, orden. Aunque sabemos que la tecnología actual es nuestra mayor preocupación, porque en un futuro próximo nos analizará y determinará que no sabemos usar la lengua. Y allí sí, condenados al silencio perpetuo, no por falta de palabras, sino por exceso de estupideces mal dichas.

En resumen, la lengua es como ese control remoto que nunca encuentras: cuando lo necesitas, desaparece y cuando aparece, cambia de canal sin pedir permiso. Y nosotros, pobres hablantes, seguimos atrapados entre Cervantes y el WhatsApp, entre la gramática y el meme, entre el discurso académico y el “XD”.

La moraleja es clara: si no cultivamos la lengua, ella nos cultivará a nosotros… como plantas ornamentales en el jardín de la IA. Y allí sí, choche, ni el Manco de Lepanto nos salvará del “Game Over” lingüístico.

sábado, 29 de agosto de 2026

¿QUÉ TIENE MI WAWA?

 -Benooo…Benitoy… ¡Beno! ¿T´iacís el  sordo…o no querís hacerle caso a tu mama?

-¡Mamitay…perdonáaa…qu´estoy con la cabeza que me va´reventar… Perdonaméee…

-¿Qué le pasa a mi wawa? Qu´está muspo, dende que si´asentau en la mesa y parece qu´está kaicau…¿A vos no te parece…que sois su madre? ¿N´uestará enfermito?

-¡Qué va ser! D´iaseguro que ha comiu mucho cañihuaco y s´ia kiskiu! Mañana mismo le meto su purgante y sansiacabó l´enfermedá! ¡Ya verís cómo se le pasa en un dos por tres!-dijo su hermana mayor..

El tata de mi tata, qu´iasta ese momento estaba callau en la cabecera de la mesa, carraspeó como de costumbre cuand´uiva a lajlar y dijo:

-¡Este koro, lo que tiene es otra cosa! Por gusto le van a meter el Aceite de Ricino y lo van hacer kospeyar un güen rato…!Dejemmelóoo a mi, que yo le voy a sonsacar lo que está pasando! ¡D´iaseguro es otra cosa y no s´iapriocupen que no debe ser nada grave…!

Como shempre, m´ice el desentendiu y seguiya metiéndole a la cuchara con harta devoshón y empeño hasta terminar tuita mi mazamorra de chuño que tanto me gustaba. Me retiré del comedor y jui hacia la huerta del jondo a buscar mi sitio de shempre y sentarme debajo de la higuera que y´astaba cargando güena cantidá d´iojas. Otra vez vino a mi torocma la priocupashón de tuita la mañana: habiya guardau mis tirallos grandotes dentro de mis bolsillos; tanto así que ya pareciban alforjas, pero después del recreyo, cuando entramos a clases y quise sentarme no pude hacerlo y sentiya que aquellos bolones s´estaban cayendo y´el profesor d´iaseguro que me las capujariya hasta la semana siguiente. Quise rempujar mis ganancias pa´que entren todas en el bolsillo y…peyor. Se me rociaron tuitas mis bolas porque s´iabiya roto una de mis alforjas.

-¿Quién está jugando con bolas dentro de la clase? Y me despedí de mis bolones.

Sin embargo, ni siquiera imaginaba lo que vendriya después. M´iabiyan encargau que luego luego de las clases, pasara por la recoba y comprara de doña Pancha seis canutos de seda y tres filosedas de colores para mi mamitay Eufemia. Cumplí con la tareya pero nunca imaginé lo que estaba por suceder. Una vez comprado tuito el encargo y comprobar los colores señalados, toda la compra la metí en el bolsillo y seguí tacpiando por tuito el camino, patiando algunas champas o piedras que encontraba por mi camino. Antes de ingresar a la casa metí la mano al bolsillo y se me fue hasta la pierna. Nunca habiya fallau en los encargos hechos y aura me veniya a pasar con el de mi mamitay que d´iaseguro, una vez enterada, pondriya el grito en el shelo, me moleriya a palos y senojariya con mis tatas por tener un hijo tan descuidau.

-Maver…¿Q´uiapasau con mi becerrito colorau? Retumbó en mis orejas aquella pregunta de mi queriu tata de mi tata…

-¡Nada de nada…mi queriu Toro Menelik! Aquí estoy tratando de descansar…

-¿Sabís con quién estáis hablando? Soy el Fabio, por siaca… y a mí no me vais a venir con co…

-¡Sí, ya lo sé! Queriu tata, pero esto es algo que nunca m´iapasau! Y no sé q´uiacer…

-P´aiso está este, tu tata, pa´poderte ayudar shempre…Maver, decíme…¿qu´iapasau?

-¡He roto el pantalón! Y ricién lo teniba un parcito de semanas…

.!No te preocupís! Tuito en la vida tiene remedio…

-Menos la muerte, pero no solo es eso…

-¡Acabáramos, ¿que más l´ia pasau a su mercé? ¿Es de vida o muerte?

-¡Mi mamitay me va a matar! L´ue perdiu s´uencargo…

-¿Y´eso es todo? No te confundáis que p´aiso está este tu tata… Lo del hueco en el pantalón con una aúja yilo s´iarregla; de paso te enseño a coser…Lo jodiu está con las sedas y filosedas de la Benita Tomá un par de soles y decile que t´ias olvidau y mañana mismo compráis su encargo y lo ponís en tu bolsón…

-¡Gracias, gracias, tata…

-Pero estas gracias no son gratis. ¡Dende mañana, a las cinco y media, cogís un mantel y me acompañáis a trayer una brazada d´ialfalfa pa nuestros conejos!

DICCIONARIO LONKO:

Aúja: por aguja

Brazada: medida de alfalfa (supuestamente lo que cabe entre ambos brazos)

Capujar: quitar

Kaikau: agarrado de la Tierra

Kiskiu: estreñido

Lajlar; hablar, comentar

Muspo: triste, apagado

Recoba: mercado de abastos

Tacpiando: caminando con dificultad

Tata de mi tata: abuelo

Tirallo: bolón

Torocma: cabeza. pensamiento

sábado, 15 de agosto de 2026

DON BENITO, UN LONKO D´IADEVERAS

Habíamos asistido religiosamente a la misa de honras fúnebres celebrada en la Iglesia de Sabandía para despedir el cuerpo presente de nuestro querido Negro Armando Rivas, más conocido como el “Potrillo Retinto”. Medio pueblo había concurrido como siempre: una rápida mirada y allí estaba mi tía Edubiges, la Calzón con Parches, al igual que mis primas; todas, vestidas llevando un luto muy estricto que les cubría hasta la cabeza. También los primos de mi difunto tío y demás parentela vestían algunas prendas oscuras, dando al penoso ambiente un aspecto más gris a este templo repleto de familiares ´dolidos´, amigos de “tuita la vida” y un montón de curiosos que nunca faltan en esas ocasiones. De improviso, se hizo un largo silencio, pues, a lo lejos, un séquito arropado con túnicas blancas y moradas salía de la sacristía con ritmo pausado y un tanto solemne, haciendo que despertara cierta curiosidad entre el gentío y mi abuelo Benito, meciéndose la barba; socarronamente, comentó:

-Oíteee, m´ijo, ¿ande s´ia metiu la Rabo Loco de la Brígidas? ¡No la veyo por ningún sitio! D´iaseguro yastáu con el cura Panza´y trapo… Creyó que y´es su mujer… ¡Hay ande lo vis, es un zamarro… ¡Cómo le gusta enamorar a las maltonas…! S´iarremanga las polleras y patitas pa´qué te quiero… ¡Si´es un bandiu, este diaulo con sotana! Mirálo con su uniforme… ¡No mata n´iuna mosca! ¡Oíte… si´a trayiu tres monaguillos, vesto ve, qué tal lujo!

-Cállate, abuelito, no ves que ya va a arrancar la misa…

-¡No le hagáis caso! D´iaseguro qu´iastau tirándose el vino… Si zampau nomá para! ¡Aurita se caye, vais a ver!

Y como que dos y dos son cuatro, para mala suerte del cura, iba adelante para colocarse presuroso en medio del altar cuando, por mirar cautivado por una bella jovencita de la primera banca, enredó torpemente sus pies entre la pesada alfombra y perdió el equilibrio. Quiso apoyarse en la mesa donde iba a celebrar la esperada misa, pero temerariamente se cogió del mantel y zuácate, se vino abajo junto con uno de los chicos que lo tenía tomado del brazo. Al instante, retumbó un solo golpe contra el piso y pareció remover todo el salón, escuchándose un destemplado y sonoro ¡Puta madre… virgencita perdonaméee… que me voy a sacar la m…! Al toque, se escaparon algunas sonoras carcajadas venidas desde las bancas laterales; empero, los más devotos, disimularon sus aguantadas risotadas y las tías no cesaban de persignarse elevando sus ojos al cielo mostrando una simulada incomprensión.

-¡Je, je, je! No vis, te dije, está más zampau qu´el Mariano Chirote, que con agua´ymote s´emborracha. ¡No t´iaguantís! Reyite nomá, qu´esta misa no se celebra ni en 24 horas… vais a ver…!

Por más que sus atentos ayudantes del párroco acudieron preocupados porque el voluminoso cura se iba de pujo en pujo y no podía recobrase, una, dos tres veces seguidas; pues constantemente se empeñaba en querer recostarse, pero la inmensa guata no se lo permitía. Nuevamente intentó cogerse de algo que lo pudiese ayudar y para su mala suerte, nuevamente se topó con una esquina del mantel; la jaló con todas sus fuerzas y estrepitosamente se vinieron abajo los dos candelabros encendidos, los tres floreros, el atril, su misal y el copón lleno de vino junto con sus asustados monaguillos, haciendo un ruido de los mil demonios, pero esa abultada figura cayó, esta vez, más redonda que nunca.

-¡Ayuda, ayuda, ayuda… pa´l padre Quevedo! ¡Que s´ia roto la torocma y´está chorriando sangre a montones!

-¡Qué sangre, ni que sangreee… es el vino qu´ia chupau tuita la mañana! Ofrézcanle una bota del vino de consagración y verís como se para al momentito… y ¡Santo remedio!

-Ayuda, ayuda… ¿And´están los varones? ¡Ya pueee… que se va a desangrar el padrecito…!

Apenas escucharon la invocación de la beata mayor, un grupo de mis tíos, presurosos, corrieron hacia el altar mayor y quisieron subir todos a la vez por las gradas del estrecho pasadizo, ahora cerrado con un disimulado candado… Y solo se escucharon una lluvia de gritos desaforados buscando ingresar:

-¡No empujennn, carajo, que nos vamos  a cayer! ¡Aguanten los de atrás… Salten hermanos!

En tropel, el aguerrido grupo de voluntarios volvió a la carga y una vez más lo hicieron atropelladamente. Los de adelante no pudieron levantar las piernas a tiempo e infinidad de golpes fueron cayendo uno tras otro en el nutrido templo que ahora era un gentío bullanguero y descontrolado y esta vez las risas no se aguantaron y todo el mundo comentaba:

-¡Estos burros acomedius no saben nadita d´iorden! ¡Fila, fila, fila! Hayque sacar una reyata y agarrarlos a latigazos por zonzos y por mulasss…! ¿Cómo van a querer saltar juntos, si ni pueden levantar las patas con facilidá? ¡Corran, corriendo a llamar a la Hermiña… la curandera pueee… y que traiga mucha árnica, varias vendas y que venga con mucho anisau pa´que pueda curar a tanto burro ccoro qu´ia queriu cotimbiar en pleno templo…

-¿No te lo dije, hijito? Esta misa va ser p´arrecordarse tuita la vida… s´iesque hay misa… porque con este cura… Mañana que tenemos misa… Aunque ya s´iasentau y l´ian vendau la torocma… Maver…

-¡Abuelito, ya el padrecito ha dicho que no puede… que está muy enfermo…!

-¡Que sigue zampau, el muy ladino! ¡Yo voy a hablar con él! Maver si´amí no m´iace caso este coj… ¡Oíte, Wenceslao, tenís que celebrar esta misa… Y aurita tenís qu´iacerlo… Mirá que ya pasau tres horas y la gente está esperando… ¡Paratéee… que´n mi casa t´espera un damajuana del´de San Juan de Churunga!... No nos dececcionís… viejo sabiu y muy trejo!

Al rato se estaba celebrando la misa pa´l Negro Armando…

 

 

domingo, 9 de agosto de 2026

!QU´IOJAZOS!

 Sí, pueee…queriba que mi koro tamién seya tan devoto como l´uaviya siu su tata y tuita nuestra jamilla. Luego, luego, esa misma noche lajlariya con su mama grande pa´que lo catate dende tempranito a la fiesta del Corazón de Jesús. Sí, peee… tendriya que ser como su tata, el tata de su tata y tantos otros varones bien d´iadentro y qu´iabiyan siu los encargaus de la fiesta, dende shempre; inclusive, tuitos ellos, dende la noche anterior ayse diya teniyan qu´iapurar las bestias pa´ yir hasta las faldas del Chachani pa´conseguir el kapo tan necesario pa´las kanchaladas…

Sí, pueee…esta misma noche el kapo estariya arrumau -por un rato- en la gran tienda de sillar pircau qu´iaciya las veces de granero, almacén o depósito de la huacakara seca, las raices d´ialfalfa, la paja y tuito aquello que se juntara p´hacer arder la koncha ande se preparaba la comida y la chicha.

Y´estando ´nel sitio, vide mi tropa y´estaba completita, mi mujer, akolpachada en su mantón de Manila, mis hijos, uno, dos tres; mi nuera, esposa de m´ijo el José…Síii, allí tamién estaba ese sajrita de mi ñeto, el chanaquito. ¡Cómo habiyan pasau los años! ¡Y´astaba maltón el muy bandiu! D´iaseguro le picaban las patas, porque no paraba n´iún momentito…d´iaquí, pa´llá; d´iaquí, pa´llá; d´iaquí, pa´llá.

Yo, lo seguiya huaspiando de riojo pa´que no se dé cuenta qu´estaba shendo catiau por este su tata grande. Cuando, d´iún momento a´utro, se quedó clavau co´munestaca. Yo, también me quedé seco, asombrau por su estraño estau. ¿Qu´iabiya pasau? M´iadentró mucha curiosidá. Queriya descubrir qué cosa l´abiya pasau ayse diablillo de mil mataperradas y tal vez po´reso lo queriba tanto, pues m´iaciya recordar mis años de chilpe bandiu… y hablando de años mozos… ¿qu´estará hashendo el susodicho sajrita?

Catié d´iadenuevo no quieriendo ser destapau por nadies. Allí, junto auna canchalada en pleno fuego, estaba contemplando algo m´ijo, pero… S´iabiya quedau lelo, como s´ialgo le juese a quitar la vida…Vide pande achuntaba sus ojitos y…vaya sospresota; en el otro lau, paradita y metida en un lindo mantoncito rojo, que con la luz de la candela brillaba como si juera de purita seda. Aystaba ella, y pareciba estar cruzando sus miradas con las de mi ñeto. Claro que s´iaciya la desentendida y, de rato en rato, calculaba y buscaba ayse dueño con sus seguidas catiadas.

Tuita mi vida revolvió enún santiamén; d´iadepronto, me vi metiu en ese koro que, por primera vez, estaba quietecito y mudo. Creyo qu´el queriba soltar una sonrisa, pero aquellas miradas qu´iapareciban y desapareciban alfrente, estaban jugando entre las llamas cada vez más estiradas y callentes, iluminaban su carita, que también pareciba corresponderle.

D´iadepronto, en un´esquinita d´iaquella fogata, otros chilpes juguetones empezaban a brincar uno tras otro; sí, peee… seña qu´estaba hashendo mucho friyo. ¡Alalau! Cogí mi poncho d´ialpaca y lo acomodé en mi lomo. N´uice ningún comentario al respecto. Seguiya mirando a mi koro…de repente está enfermo…y no quiere apriocuparnos… Pero aquí tamién está su mama y su mama grande…Ellas saben más d´estas cosas; mejor me zampo una taza de Diana; anque, , m´iandicho qu´e el Ponche está pa´chuparse los dedos y con este friyo que t´iace dentrar tembladera… ¡Mejor m´ianimo por dos jarros!

Y´astavámos pa´yirnos, dispués d´iabernos mandau ponches y dianas callentitos; con una copa d´ianisau pa´los mayores. Y d´iadenuevo lo vide a mi koro contemplando a la ñeta de mi compadre Mateyo, quien, d´iaseguro, ella también s´iabiya quedau con alguna disculpa.

Prácticamente, tuvimos que catatarlo a rempujones ayse maltón qu´iaura me pareciba ese mi ñeto que tuaviya seguiya mudo y muy pensativo. Golví, otra vez, a mis años de chilpe, cuando también com´uahora, andaba enamorau com´ún burro (alm´itodo) de la doña qu´iaurita era la patrona o la mama grande. Sí, pueee, aura sí que l´iabiya impactau esa linda kora y…mejor no le digo nada de nada.

Cayeron las sombras de la noche y lo vide que se dirigiya, callau y pensativo. Teniya que, por lo menos, darle ánimo y´esplicarle que tuito el mundo pasa por esos momentos tan difíciles y que aquello de estar largos ratos metiu en saber más acerca de ella, cuántos años teniya o si ella queriya que l´acompañe pa´yir al colegio, para…

-¡Benito, hijito…¿Qué tenís? Tuita la noche te vido muspo…y´asta parece qu´ialgo tia caucau…Decíme, por amor a la Mamita de Chapi, ¿Acaso t´iagustau la vecinita?

-¡No! ¡Pa´nada!

-Pues yo te digo qu´es muy bonita…

-Solo me gustan sus ojos, que no m´ian dejau de mirarme…

-¿Solo sus ojos? Mas yo le vido tuita… D´iarriba, abajo…es una princesita.

-¡Entoce…te la regalo! Solo me gustan sus ojos…

-!Qu´iojazos! ¿Nooo?

AREQUIPEÑISMOS: basado en el Diccionario de Arequipeñismos de Juan Gmo. Carpio Muñoz

Canchalada: fogata hecha con kapo, encendida en la serenata de una fiesta

Catate: lleve usted, jale o arrastre

Catiar: atisbar, mirar de reojo

Caucau: por caucado; tocado, efectado anímicamente

Koncha: cconcha o koncha; cocina rústica hecha con adobe y barro

Chilpe: cosa pequeña, por ext. chico,

Diana: infusión típica caliente hecha con guindas y frutas

Golví: por volví

Huacakara: guano seco que sirve de combustible para las konchas

Koro: ccoro o koro, infante, pequeño

Lajlariya: por hablaría

Luaviya: por lo había

Muspo: triste, huraño, alicaído

Ñeta(o): nieta(o)

Ponche: infusión caliente del lugar hecho con cacao, castañas, almendras, canela y coco

Tuita (o): todita(o)

                                                                                                    jorgebernedop@yahoo.com

domingo, 2 de agosto de 2026

DOBLES Y AMERICANOS

 Tuita la madrugada habíyamos estau metius en aquello que mi mamitay llamaba “juntar basura” pa´ usarla luego-luego en la vieja y querida concha d´esa cocina levantada a pulso con purito sillar y barro con sus fierros cruzados en la parte d´iarriba y qu´iaciyan las veces d´iuna gran parrilla ande se poniyan las ollas y las cazuelas de barro y se preparaban tuitos los ricos platos que las trejas manos de nuestra mamitay preparaba para cada diya. Pronto aprendí -de solo mirar- que los restos de las raices d´ialfalfa, la huacacara seca y tuito aquello que quedaba dispués de cada cosecha, la teníyamos que juntar en tantos pactuys como nosotros. Y´una vez listos, mandarnos encima nuestros lomos aquellos usaus kepes de manteles hechos con talegas d´iaharina. Luego, luego, s´iarrejuntaban sus cuatro esquinas, se haciya un ñudo no muy juerte y ¡Arriba, al lomo y patitas pa´qué te quiero! Pasaus unas cuantas semanas, y´astaban secas y listas pa´mantener el fuego pa´cocinar tuito el santo diya.

Según me lajlaba m´iagüelo Benito, esa shempre jue la tareya de tuitos mis primos y a´ura nos tocaba a los más maltones. Así lo jueron hashendo dende l´Alberta, la Marga, el Valentín y´el Lito, con el que casicito éramos de la misma lechigada.

Bajamos tacpiando las tabladas qu´eveniyan dende Cayma y las del Señor de la Caña. Llegamos al filo del Bord´ualto y tiramos al piso nuestros grandes atados, enseguidita tamién nosotros hicimos lo mismo. Cayimos malamente, pero nos paramos d´inmediato y nos escuendimos tras la Paccha. Una vez que creyimos qu´iabiya pasau el peligro, seguimos más apuraus por enmedio de los maduros maizales y los cascos d´iaquel jinete se nos veniya encima, cada vez más cerquita.

Aura nuestros bultos resultaban como diez fanegas y las patas ya no daban n´iun pasito más. Nos detenimos de´junto a´una honda cequia casi sin agua, pero con mucho pasto creciu en los bordos, con montones de grandes matas de gallinitas o flor del Texao, y´asta se podiya ver en el jondo, rociadas matas de berros; ande nadaban algunos negros ocollos quedaus en los charcos chiquitos, qu´iademás cotimbiaban muy temerosos y´así y todo, nos metimos d´iadebajo d´esas ramas que nos tapaban con nuestra carga, enteritos. Solo s´ioyía el trote seco y´apurau d´ese caballo negro qu´espantaba hasta las brujas y las continuas maldishiones que dejaba escapar ese terrible y gigantesco jinete. Creyo q´uemos esperau tuita una hora entera. Allí, escuendidos, acesábamos como los perros agitaus y´estábamos colocaus frent´ia frente en ese refugio improvisau, pero el alma tuaviya se nos escapaba por la boca abierta, los ojos como que´sesaliyan de puro miedo y´apareció un temblor que nos haciya sudar a chorros. 

Por fin llegamos a la picanteriya y´el acalorau saludo recebido jue:

-D´iaseguro que s´ian quedau cingando los huiros del maíz qu´iay en esas tabladas del Señor de la Caña… ¿Dónde diablos s´ian metiu? ¿N´uan podiu pensar que aquí estábamos apriocupaus…Y´un rato más y´iba a yir su tata a buscarlos… ¿Qu´ia pasau? ¡Si ya van a ser las tres…! ¡Aurita me vais a confesar uno por uno! ¡Vesto ve! Dejen sus ataus, a lavarse las manos y luego, luego, ¡a sentarse en la mesa!

Después de meternos en l´acequión, recién pudimos recobrarnos de los continuos sustos tenidos a pesar que nos habían advertido de su posibilidad, pero todos nosotros pensamos que solo era una forma de decirnos que tengamos mucho cuidado. L´Alberta, que era la mayor, explicó en la mesa lo que nos había acontecido, el cual fue motivo de nuestro atraso y solo así pudimos ser perdonados y advertidos para una nueva oportunidad. Al instante, nuestra mamitay dijo con un tono más tranquilo y shempre poñendo de por medio s´uinmenso amor:

-Menos mal que no les ha pasau nada…que n´uan teniu niun accidente…!Maver, pa´que se les pase el susto! ¿Qué les sirvo? Un Americano o…prefieren sus Dobles?

-Preferible, un güen Americano…porque después hay que lavar muchos platos s´iesque comemos los dobles…

-¡Vesto ve! Tuito lo qu´iacen estos maulas por no lavar! ¡Aquí están sus americanos! Y si se les queda en la muela…les sirvo otro plato… Que mañana tenís que yir nuevamente a rapiar en Challapampa, porque mi compadrito El Ángelo, m´iavisau qu´iace una semana que l´ian metiu yunta a su´alfalfar.

Nos miramos sin hacer comentario alguno, mientras se desasiyan en la boca aquella variedad de comidas con el más grande cariño, com´uel de las grande chugas de barro ande nos sirvieron y que nunca dejariyan de gustarnos; pues shempre habiya repetishón.

domingo, 26 de julio de 2026

JUICIO ORAL: EL CASO CONCHÁN

(Se abre la sesión. El juez golpea la mesa con un mazo improvisado: un vaso de chicha morada.)

JUEZ: —¡Orden en la sala! Se inicia el proceso contra el ciudadano Nicolás Conchán, acusado de inutilidad agravada con almorranas en tercer grado. Fiscal, exponga su caso.

FISCAL (voz fuerte, teatral): —Señoría, el acusado ha cometido el delito de omisión perpetua. Tres meses en el sillón de Pizarro y ni un decreto, ni una palabra, ni un mosquito asesinado. ¡Nada! Su gestión es un expediente vacío, un archivo muerto. Y como agravante, pretende pensión vitalicia. ¡Vitalicia! Basada en la obra monumental de rascarse los huesos.

(El público ríe, uno grita: “¡Que le den pensión de papel higiénico!”)

ABOGADO DEFENSOR (voz melosa, con guiños al público): —Señoría, mi cliente no es culpable. Él solo siguió la doctrina del silencio administrativo. ¿Acaso no es legal quedarse callado? Además, su aporte a la nación fue… (pausa dramática) …no empeorar las cosas. ¡Eso ya es mérito!

(El público abuchea. Una señora grita: “¡Eso no está en el Código Civil, está en el Código de la Cojudez!”)

FISCAL (interrumpe con sarcasmo): —Objeción, señor juez. El silencio administrativo aplica a trámites, no a presidentes. Aquí hablamos de un hombre que confundió el sillón presidencial con un sillón de masajes.

JUEZ (golpeando el vaso): —¡Objeción aceptada! Continúe.

FISCAL: —El acusado, además, tiene antecedentes en el Joder Judicial: cohecho, tráfico de influencias, expulsiones. ¡Un prontuario digno de museo! Y ahora pretende jubilarse con pensión vitalicia. Señores, esto es como pedir indemnización por haberse dormido en horario laboral.

(El público estalla en carcajadas. Un guitarrista improvisa un rasgueo de huayno: “Dormidito, dormidito, con pensión vitaliciaaa…”)

ABOGADO DEFENSOR (sudando, voz quebrada): —Pero señor juez, mi cliente tiene derecho a la pensión. ¡Es un derecho adquirido! Aunque no haya hecho nada, aunque su gestión sea invisible… ¡la ley es la ley!

JUEZ (con sarcasmo): —La ley es la ley, pero también la burla es la burla. Y aquí estamos en juicio oral performativo, no en clase de derecho romano.

(El público aplaude. Un borracho grita: “¡Que lo condenen a comer conchas de por vida!”)

FISCAL (remate final): —Señoría, este hombre no merece pensión vitalicia. Lo que merece es una pensión simbólica: un rollo de papel higiénico para sus almorranas y un retiro obligatorio al Museo de la Inutilidad Política.

JUEZ (sentencia teatral): —¡Se declara improcedente la pensión vitalicia! En su lugar, se concede:

  1. Una pensión de papel higiénico.
  2. Un curso de oratoria básica, para aprender a abrir la boca.
  3. Y un busto de cera en el Museo de la Inutilidad.

(El juez levanta el vaso de chicha. El público canta a coro: “¡Que viva la estupidez!”)

JUEZ (último golpe de vaso): —Se levanta la sesión. ¡Y que el acusado se retire caminando derecho… si puede!

(Cajón y guitarra acompañan la salida. El público ríe, aplaude y brinda con chicha. Fin del juicio.)


domingo, 19 de julio de 2026

 

MIEDO RECURRENTE

 

—Esta vez ganó la China, ¿nooo?

—¡Qué miedo, nooo!

—Sí, pues, Choche… aquello de que “a la tercera va la vencida” se fue al tacho como promesa de candidato en campaña. Ahora solo nos queda esperar…

—¿Esperar qué cosa? ¿La resurrección de Tupac Amaru con Wi-Fi?

—Que realmente gane. Que cambien muchas cosas: su desgobierno patrocinado por el Chongreso, la inseguridad que te asalta hasta en la cola del pan, la bala que te ofrecen como “servicio premium” si no pagas la cuota asesina, la teta del Estado que ya parece vaca flaca con exceso de burócratas chupando… ¿sigo?

—¡Stop, Master! Estábamos metiendo letra acerca de la cuarta, no me cambies el tema con tu lista de desgracias estilo catálogo de Ripley.

—Estoy más consciente que nunca, porque ha roto la norma de la tercera. Su asesor le dijo: “Trabaja con lo básico de la existencia humana”.

—Ahhh… seguro que te refieres a las dádivas, los regalitos, las promesas juradas y rejuradas por el alma del padre, ¿nooo?

—¡Naranjas! Hablo de lo que siempre se ha usado desde que el hombre apareció sobre la tierra, desde que descubrió que podía asustar al vecino con un ruido raro en la cueva. Algo que persiste por los siglos de los siglos y que garantiza éxito más que un TikTok viral.

—¿Acaso te refieres a las armas?

—¡No, Choche! Es algo mucho más efectivo: el miedo.

—Pero yo soy machote Alfa 1, no tengo miedo a nada ni nadie.

—¡Equivocado de pe a pa! No se necesitó discurso de tres horas, ni párrafo picante, ni oración conmovedora. Bastó con una palabrita que te da diarrea fulminante y te cierra hasta los poros: Comunismo.

—¡Tas hueveando, Choche! ¿Una sola palabra puede tumbar elecciones?

—¡Claro! Fue suficiente para generar calofríos, tembladeras y fiebre amarilla, fiebre de Malta y fiebre de miércoles. Apenas se soltó la amenaza, corrió la voz: “Te vas a quedar sin trabajo, te van a quitar a tus hijos para el ejército, tus propiedades desaparecerán, y lo peor: ¡el terrorismo va a volver con el comunismo!”. Y se acabó la competencia electoral.

—Pero, Choche, ¿una sola palabrita puede ocasionar tal descalabro?

—Lo puede y lo hace. El caldo ya estaba preparado, reciclado y recalentado como sopa de carretilla. Las masas de perusolimitados no leen, no consultan, no tienen educación y solo escuchan sus redes sociales. Repiten día y noche el eslogan preparado desde arriba, como loros con Wi-Fi. Y automáticamente, el puerco de sus creyentes entra en shock y se transforma en eco subliminal.

—¿Es decir, seguimos viviendo en la Época de la Colonia? Llenos de taparrabos y plumas, deslumbrados por espejitos que reflejan luces de color.

—Exacto. Aunque no lo creas, la mayoría de analfabestias todavía escucha el canto de las sirenas: unas veces para convencerse de lo que no conviene, otras para despertar miedos que ciegan entendederas y nos hacen proceder como animalitos.

—Entonces, ¿ya no tenemos salvación?

—¡Claro que sí! Bastaría con dotarnos de una buena educación de calidad como punto de partida. Pero como eso suena más difícil que conseguir cita en Essalud, seguimos atrapados en el loop del miedo recurrente. Y la China, con un cursito de pedagogía exprés, podría ser perdonada.

domingo, 12 de julio de 2026

SPECULAPIO

 Esto no es anamnesis ni diagnóstico, mucho menos receta. Es más bien un epitafio adelantado, escrito desde la vereda de los pacientes —no tan pacientes— que seguimos esperando que el Juramento Hipocrático deje de ser un chiste cruel y vuelva a ser algo más que un escudo con serpiente que se tragó la espada. Porque hoy, la serpiente no cura: cobra.

—Tonce… ¿ya no hay que echarle tierrita a las equivocaciones, yerros y olvidos?

 —¡Tas won! A estas alturas, la tierra ya no tapa nada: la tierra es negocio. Se vende por metro cuadrado en los camposantos, que crecen más rápido que las farmacias. La indolencia se ha institucionalizado y, sin querer queriendo, el sistema promueve la superpoblación de tumbas. La salud, ahora, se compra como pan caliente… pero sin vuelto.

—Pero, Master… ¿tú que eres doctor en ciencias ocultas, paramédico voluntario, enfermero casual, chamán del barrio y adivino obligatorio, puedes decir todo eso de tus colegas?

—¡Momentito, Miguelito! Yo seré todo lo bueno que quieras, choche cabal, un pan de dios y diccionario de insultos, pero estoy a diez mil kilómetros de mis supuestos colegas; porque yo no cobro ni michi por consulta, aunque el “Cabezón Lozada” me tiene escaldado pidiéndome sus horóscopos mañaneros. Y mientras tanto, los doctores de bata blanca cobran hasta por el saludo.

—¿Por qué dices esto, Choche?

—Porque hasta el más bruto sabe que cada minuto hay más cadáveres. La prevención debería ser prioridad, pero aquí la prevención es mala palabra. Se debería empezar por la limpieza… de manos y uñas de los actores que, -solapa- aseguran trabajo a clínicas privadas y funerarias. ¿Asesinato premeditado? No, peor: rutina administrativa.

—¡No jodas! ¿Tan bajo cayó el Juramento Hipocrático?

—Pues sí. El asunto está en UCI y seguimos aguantando. La causa es sabida: todo gira alrededor del maldito dinero. Ese caballero que dejó de serlo, pero sigue siendo el más poderoso. Las pastillas del siglo XVIII siguen recetándose como si fueran milagros, y nadie dice nada de sus efectos secundarios. Los colegios profesionales callan mientras los alimentos manipulados brillan con conservantes y saborizantes cancerígenos. La única ocupación oficial que da estabilidad es la de sepulturero: ese sí tiene frijoles asegurados.

—Tonce… fácil de solucionar: un par de comisiones y…

—Ya pareces chongresista. Van a pasar quinientos años y el problema seguirá vivito y coleando, porque genera ingresos a todas las instituciones metidas en el negocio de la salud. Y no queda allí: la cola es más larga que la que se hace cada día para conseguir cita médica. La escasez de medicinas es otra pendejada mayúscula, creada por autoridades y fábricas para inventar agotamientos falsos. Y seguimos echando tierra, tierra y más tierra.

—Tonce… ¿tamos jodidos hasta las patas?

—Hasta el cuello, Miguelito. Porque ahora, si quieres cita, tienes que llevar un kilo de toffees de la Ibérica a la auxiliar del médico. Si no, te devuelven como pelota mal pateada. O compras cita en clínica privada para que tu especialista del Seguro Social te atienda en el hospital público. El círculo perfecto: pagas dos veces por el mismo maltrato.

—¡No te creo; se pasaron!

—¿No me crees? Anda, consigue una cita en tu hospital. Haz la cola desde las tres de la mañana, con tu hombro roto y tus tenis agujereadas. Verás que la única receta válida es paciencia infinita… o plata. Porque aquí la salud no se cura: se negocia.

 

domingo, 5 de julio de 2026

DETRÁS DE LA PELOTITA

 Narrador: ¡Buenas noches, señoras y señores, bienvenidos al estadio más grande del engaño! Aquí empieza el partido más largo del mundo: el Mundial 2026, organizado por dos cracks del chamullo, Trump y el Pelao Infantino. Se viene la patada inicial y ya nos metieron dos huachas al hilo: el cuento del “juego limpio” y la “integración justa”. ¡Puro pase con la mano!

Comentarista: —Pero, narrador, ¿cómo te atreves a criticar la organización impecable, los partidos tan disputados y el referato de lujo que vemos en pantalla?

Narrador: —¡Tienes razón, colega! Pero si miramos más allá de las luces de neón y los comerciales que nos marean como cerveza caliente, descubrimos que este campeonato tiene más faltas ocultas que clásico en el Monumental. ¡Atención! Se viene la primera jugada polémica: de los 104 partidos, 78 se juegan en USA. ¡Esto parece campeonato interno de barrio gringo! Y lo peor: segregan equipos, hinchas y entradas como si fueran tarjetas rojas selectivas. El penal más falso: cobrar miles de millones en verdes y nunca mostrar las ganancias. ¡Eso sí que es meter la mano en el área chica!

Comentarista: —Entonces, agarraron nuestra necesidad de felicidad y la transformaron en pelotita de trapo, la soltaron en la cancha personal de cada hincha, y nos hicieron correr detrás de ella como delanteros desesperados. La FIFA, disfrazada de regulador limpio, nos metió el foul más artero en el pecho: invadió nuestro campo con cantos, promesas y más engaños infantiles. ¡Ni el VAR se atrevió a revisarlo!

Narrador: ¡Y ojo con la defensa! Las voces oficiales, como líneas mal paradas, no dicen nada. La prensa mundial, tapada por empresas mercantiles, acepta el negocio por los réditos. Y mientras tanto, Diego, la pelotita se mancha, pero seguimos corriendo detrás de ella como si fuera la final soñada. Es felicidad engañosa, orquestada y aceptada por los medios, con más doble sentido que comentarista borracho.

Comentarista: —La de trapo, ahora convertida en alcahueta, se esconde detrás de tres líneas con censores que tapan a los árbitros. Nuestras mentes, necesitadas de gambetas, chiches y chocolate, prenden las pantallas con sueños de competencia sana. Pero lo que recibimos es un tabazo en plena cara que el VAR no quiere ver. Es como cuando el árbitro se hace el loco y deja pasar la mano grosera en el área: todos la vimos, menos él.

Narrador: Porque detrás de la pelotita no solo hay niños, también hay dirigentes que juegan a la pichanga del poder. Trump, con su peinado de córner mal ejecutado, y el Pelao Infantino, con su sonrisa de gol anulado, nos venden integración mientras hacen negocio con cada saque lateral. Nos prometen espectáculo, pero lo que entregan es un campeonato de tarjetas negras, donde el verdadero gol es llenar sus arcas de dólares.

Comentarista: —Y nosotros, hinchas ingenuos, seguimos corriendo detrás de la ilusión. Creemos que el fútbol nos une, cuando en realidad nos están metiendo la mano como defensa que agarra la camiseta en pleno tiro libre. El Mundial 2026 es la jugada ensayada más descarada: un pase largo de marketing, un cabezazo de propaganda y un gol fantasma que nunca entró, pero igual lo celebran.

Narrador: ¡Final del partido! Resultado oficial: FIFA 5 – Hinchas 0. El árbitro no vio nada, el VAR estaba apagado y la tribuna igual gritó “¡gol!”. Detrás de la pelotita no hay juego limpio, sino un campeonato de mañas, un torneo de doble sentido donde los verdaderos cracks son los que saben cobrar penales inventados. Y mientras tanto, nosotros seguimos gritando frente a la pantalla, aunque el marcador real sea la derrota de nuestra ingenuidad.

domingo, 28 de junio de 2026

ESO DE MIS CHAKRAS

Entré con mucha desconfianza al Centro Esotérico llamado “La Estrella Fugaz” como quien entra a una pollería de mala muerte: con mucha hambre y poca fe, llevando un billete arrugado de cincuenta solcitos que parecía más falso que las últimas promesas electorales. Mi objetivo era simple: llenar la polla futbolística del barrio y, con suerte, ganarme los mil coquitos que me salvarían de seguir pateando latas y comiendo arroz con aire. Pero claro, el destino —ese payaso cruel— me empujó hacia la quiromancia, como si mis manos fueran más confiables que el arquero suplente de la selección de Qatar.

La pitonisa, una mezcla de lechuza mañosa y vendedora de cuentos, me recibió con un discurso automático: Tai Chi, Reiki, flores de Bach, péndulo, huevo por donde quieras…hasta baños de florecimiento ¡Un menú más variado que el de un chifa! Y todo por treinta soles, porque —según ella— yo le caía bien. Traducción: olía mi pobreza como perro callejero huele hueso.

Yo, ingenuo, solo quería saber quién ganaba en la primera fase. Pero terminé con la mano derecha sudando en su garra, mientras me decía que estaba “en la última”. Yo pensé que era mi última hora, que ya me veía en el obituario: “Murió apostando a la Argentina, sin plata y sin jabón”. Pero no, ella se refería a la “última academia de artes adivinatorias”. ¡Qué alivio! Aunque igual me santigüé tres veces, no vaya a ser que la velita prendida me chamuscara el futuro.

Cuando intentó leer mi mano izquierda, la cosa se puso peor. “Está borrosa”, dijo. ¿Borrosa? ¡Si mi palma parecía mapa de combi! Me ofreció alcohol para limpiarla. Yo, abstemio, pedí agüita de azahar. Ella, sarcástica, me acusó de cobarde. Y ahí, entre insulto y diagnóstico, me soltó la bomba: “Dale más importancia a lo que está sucediendo en tu cuerpo”.

Yo, que solo quería saber si España  le metía tres a Cabo Verde, terminé preguntando si estaba jodido. Ella, con voz de tragedia griega, me respondió: “La cosa está grave”. ¡Grave! Yo ya me veía con tres semanas de vida, escribiendo mi testamento en servilletas de cevichería. Pero no, la muy viva solo quería venderme un paquete completo: lectura de chakras, baño de florecimiento, y por veinte solcitos, el clásico huevo pasadito por el puerco.

Me pidió que me echara en el sofá y me desnudara. Yo, desconfiado, aclaré que estaba al día en mis alquileres. Ella, fastidiada, me dijo que solo quería revisar mi puerco. ¡Qué alivio! Aunque igual me quedé con las medias puestas, porque uno nunca sabe dónde termina la exploración.

El chequeo fue un carnaval de pellizcos y jalones. Yo parecía cuy en feria, mientras ella murmuraba diagnósticos esotéricos. “Requieres una sesión completa para ver el estado de tus chakras”, sentenció. Yo, ignorante, pensé en chacras de sembrar alfalfa. Ella, con paciencia de verdugo, me explicó que hablaba de otra cosa: energías, vibraciones, el Tercer Ojo.

“Cierra tus ojitos”, ordenó. Yo, obediente, me olvidé de mi polla futbolística y me concentré en su voz. Me prometió revelaciones, pero al final solo me dejó con la tarea: bañarme temprano y traer cien soles para la lectura completa. Eso sí, como oferta de último minuto, me podía pasar el huevo por veinte. ¡Qué ganga!

Salí del centro esotérico con la misma incertidumbre que al entrar, pero más pobre y más confundido. No sabía si mi destino era ganar la polla, morir de estupidez, o terminar con los chakras alineados como semáforo malogrado. Lo único claro era que la pitonisa ya había conseguido su pollo: yo, desplumado, listo para volver mañana con cien soles que no tenía.

Y así, entre sarcasmo y tragedia, entendí la cruel ironía de la vida: uno entra buscando goles y sale con diagnósticos de chakras. Porque al final, la verdadera estafa no está en la polla del barrio, sino en creer que el futuro se lee en las manos… cuando en realidad se escribe en la billetera vacía. 

domingo, 21 de junio de 2026

ARMANDO UN BOT FAMILIAR (III)

En las entregas anteriores ya habíamos chismeado sobre el Bot Familiar I y II, con sus desvaríos hasta el 2024. Pero ahora, querido Choche, nos toca meternos de cabeza —sin casco ni seguro de vida— en la llamada Generación Beta, esa camada que arranca en 2025 y se extiende hasta el 2039. La literatura moderna, tan dada a la exageración, ya la bautizó como “perdida”. Y no porque anden flotando como globos sin piola en un limbo sideral, sino porque parecen náufragos mareados, sin GPS, esperando que alguien los recoja con tanque lleno de gasolina. Spoiler: nadie va a ir.

El panorama es tan alentador como un velorio sin café. El futuro pinta más jodido que un analfabeto funcional con diploma en PowerPoint. Y lo peor: las apps —Siri, Alexa, Copilot, Chat Zone y toda la corte celestial de la IA— nos lo pintan de colores chillones, como si la desgracia viniera con filtro de Instagram. Ante semejante amenaza sideral, corrimos desesperados al oráculo de La Antiquilla: el célebre Loskagamuz. El hombre, fiel a su estilo, nos soltó la verdad con la misma delicadeza de un ladrillo cayendo en la cabeza:

A) La crítica mental seguirá debilitándose hasta quedar como músculo atrofiado. El fulano del siglo XXI ya no recordará ni el nombre de su vieja, confundiendo la realidad con lo virtual, porque el 90% del contenido será generado por IA. O sea, la memoria humana quedará reducida a un pendrive barato.

B) Los robots ya son asistentes de toda la vida. La IA conversa con tus emociones, mientras los hologramas se sientan a la mesa y piden postre.

C) La Tierra, llena de chinitos e indios (los de verdad), se superpuebla. La inmigración se convierte en deporte mortal, la discriminación florece como cactus en desierto, y el mundo sigue obsesionado con ser blanquito, esbelto y millonario.

D) La tecnología y la calidad de vida serán patrimonio exclusivo de minorías nórdicas. El resto, a mirar desde la ventana, porque la educación misma se encargará de establecer escalas y diferencias.

Trágico, ¿no? Pero Loskagamuz, entre carcajadas de brujo cansado, nos lanzó un salvavidas: las propuestas. Porque hasta en el Titanic hubo orquesta.

  1. El Metaverso, ese Disneyland digital, podría despertar curiosidad y hasta investigación. La educación sería universal, personalizada y llena de valores. Sí, claro, valores en 3D.
  2. La Generación Beta, aunque aún gatea, ya representa el futuro más disruptivo. Las marcas y empresas se frotan las manos: anticiparse a sus necesidades es crucial. Herramientas como QuestionPro serán los nuevos tarot.
  3. Los organismos mundiales deberían convertirse en centros de integración libre y accesible. Todos con comida asegurada, trabajo equitativo y profesiones desmercantilizadas. Una utopía tan bonita que da risa.
  4. La inclusión social, la sostenibilidad y el bienestar común serían el pan de cada día. Además, la “tecnología del corazón” nos uniría en relaciones eternas. Traducción: abrazos con Wi-Fi.
  5. Y, por supuesto, usar QuestionPro de inmediato para conectar con la Gen Beta. Porque el futuro comienza ahora, con datos y estrategias. O te quedas como un bot mecánico, versión Frankenstein del siglo XXI.

El sarcasmo se impone: ¿de verdad creemos que la humanidad, esa sabandija que tropieza con la misma piedra desde la Edad de Piedra, va a lograr todo esto? La tragedia está servida en bandeja de plata oxidada. La Generación Beta será la primera en vivir en un mundo donde la memoria humana es opcional, la crítica mental es fósil y la IA es la nueva suegra que opina de todo.

El humor negro, sin embargo, nos salva: imaginemos a un holograma reclamando su porción de arroz con pollo, a un robot discutiendo con su terapeuta virtual, y a un humano confundiendo a su esposa con un avatar del Metaverso. La tragedia se vuelve comedia involuntaria, y el sarcasmo es el único idioma que nos queda.

Así, querido Choche, seguimos armando este Bot Familiar con piezas de feria, tornillos flojos y manuales escritos en mandarín. La Generación Beta será el laboratorio donde se pruebe si la humanidad todavía merece llamarse “humana”. Y mientras tanto, nosotros, cronistas de la desgracia, nos reímos para no llorar. Porque, al final, la tragedia más grande es que todo esto parece inevitable… y encima nos lo venden como progreso.

domingo, 14 de junio de 2026

ARMANDO UN BOT FAMILIAR (II)

Es para no creerlo, Choche, pero la historia continúa como si fuera una saga de ciencia ficción barata: los dos protagonistas, después de aquel primer round amatorio que parecía más un accidente nuclear que un romance, ahora sobreviven bajo la amenaza de una bola apocalíptica que rueda por el desfiladero del embarazo, lista para aplastarlos. No se ven en persona, apenas se mandan indirectas por redes sociales, tres intentos fallidos de conocerse en vivo, y ya está: la panza de ella crece como globo aerostático sin permiso de la torre de control, mientras el biyete anda en huelga general. El futuro se reduce a pujar pa’ dentro y pa’ fuera hasta que salga ese trocito de carne viva, condenado a chillar, comer y cargar deudas como si fuera el mismísimo anticristo financiero.

Primer año: el chupón desaparece como si lo hubiera raptado un demonio, la teta se seca en siete días, y la vaca enlatada se convierte en la heroína de la resistencia. Ella trabaja, él estudia, y los descartables para el cagón se convierten en lingotes de oro. La cunita exige plata, los ropones piden plata, los médicos reclaman plata. El apocalipsis ya no es meteoritos, es la billetera vacía.

Segundo año: la abuela, agotada como soldado en guerra, pide refuerzos. Llega la nana, que trabaja doce horas, cría al crío, cocina, lava, plancha y todavía tiene que aguantar los berridos. El mojón se sienta frente al televisor y queda hipnotizado: el pastel se fregó. Guardería obligatoria, nido necesario, colegio vía crucis. Cada inscripción es un nuevo jinete del Apocalipsis cabalgando sobre el bolsillo.

Quinto año: el terremoto humano necesita ser atado como momia. Las nanas duran tres meses, como gobiernos corruptos. La solución final: un celular. El mocoso se petrifica, mutismo absoluto, duerme como chancho, come como puerco, repta como cucaracha y se ríe solo cuando el algoritmo lo permite. La calle ya no existe, el juego murió. El niño es un zombi con Wi-Fi.

Decimoprimer año: las redes sociales invaden el hogar como plaga bíblica. Cada quien juega su partido aparte, se saludan en los cumpleaños como si fueran diplomáticos en guerra fría. Los deportes son prohibidos por el status rancio de la academia de renombre, las artes flotan en las nubes, y el abandono es el único maestro. Los ladrillos llamados libros se convierten en reliquias de museo.

Décimo séptimo año: se instaura el axioma apocalíptico: repetir grado no es problema, es tradición. La universidad nacional está prohibida, la particular es un lujo, el instituto es un mal menor, y el ejército huele a podrido. El hato y el papeo están asegurados, pero las ganas de trabajar son fósiles. “Lo que tiene que ser será”, dicen, mientras el futuro se derrumba como edificio mal construido. Los feelings no cuentan, las flacas caen solitas, y los paradigmas se entienden en otra vida.

Décimo octavo año: el DNI llega como sentencia. No sabe firmar, pero quiere moto nueva, no de segunda. Sueña con un Porsche para que las flacas se suban solitas. El fin de semana es religión: el point viral, la ropa de marca, las entradas, los tragos. La música es otro cantar, pero siempre desafinado.

Y así, esta plaga se reproduce como hongos. Los comestibles son tolerados, los venenosos se creen indispensables. Algún día cambiarán, dicen, mientras los mayores sueñan con castración química como solución final.

Pero el verdadero Apocalipsis ya está aquí: la tecnología. La IA promete que las generaciones Alfa y Beta serán formadas integralmente desde la cuna, hiperconectadas, con prototipos que ya se exhiben como mutantes de laboratorio. El futuro no es Mad Max ni Terminator: es un baby con celular en la mano, un zombi digital que nunca aprendió a firmar, pero sí a pedir delivery.

Pero ya está aquí la tecnología en pleno auge y la IA nos asegura que las generaciones Alfa y Beta serán formadas integralmente desde la cuna por la hiperconectividad. Sin embargo, en los pasillos oscuros de esa promesa, se murmura que los prototipos ya no lloran ni ríen: solo emiten un zumbido constante, como si algo más —algo que no es humano— estuviera creciendo dentro de ellos. Nadie sabe si serán hijos, máquinas o espectros. Lo único cierto es que, cuando llegue la siguiente entrega, quizá ya no quede nadie para contarla. 

 

domingo, 7 de junio de 2026

ARMANDO UN BOT FAMILIAR (I)

Es viernes, 10 de la noche: fin de semana obligatorio que se te está armando desde el martes (lunes resaca), ruge por los poros; te llama y te reclama. Los cuerpos exigen trago en cantidades navegables, metiendo harta cintura hasta obtener full chapes. Hay desfiles de discotecas pero ya fueron bailados; hay que coger carne nueva, ir a sacar las naves y mandarse fuera de la esclavitud del no hacer nada. En el sitio, sacar un billete azul para que te dejen pasar; pues la pintura, el rímel, las tuneadas de las flacas tienen que sacar pase libre; ellos, con el dorso a flote y manando humos como chimeneas vivientes, empujan y atropellan casi faltosos (hay que impresionar a los guardas de la puerta).

11: 30, ya adentro: Los nervios iniciales se aplacan con sendos vasos pintados de un líquido azul; sí, son destellos medio celestes que parpadean entre las manos temblorosas y ojos desorbitados anhelantes por otear las presas de la noche dentro de esa manada bestial que se contornean frenéticamente al ritmo de llamadas lascivas mezcla de furor, saltos, susurros y gritos guturales que quieren dejar escapar rugidos de apareamiento inicial, sin saber que ya fueron fría y cruelmente seleccionados por un par de ojazos prendidos a la par de los estruendos salidos de los gigantescos parlantes descubiertos solo por los reflejos de las chispas cómplices que parecen rebotar de tanto en tanto y saltan los instintos más bestiales y sublimes, creando estados de ansiedad y satisfacción animal…

12:30 Al ataque: chocan miradas extrañas, pero ambos fingen otra atracción que crece y crece al ritmo de sus caderas que ahora la convulsionan toda y se muestra más fria y provocadora; entonces, entonada con tres cocteles, tres chelas, cinco piscos y varias sangrías adentro, se acerca insinuante a la barra y dispara sin asco: ¡Tan rico como tú…! Facundodo, sí, Facu para ti…¿y tú? Mila, (ya caíste) ¿Mili, nooo? (ya te tengo en mis garras) ¿Nos tiramos un dancing? Eso mismo estaba esperando…!let´s go! Se toman de la mano y trepidan locas ansias de posesión, de lujuria; romperla y llegar hasta la luna…

1:30 Al galope: copas, vasos y latas han desfilado en ese carrusel de líquidos asesinos y colores que miran de reojo y se esconden entre los dedos y los labios sedientos de licor y placer que sube y sube. Los sudores son más gratos que nunca y ayudan a tapar antojos, ilusiones que van acercando poco a poco las trompas que se juntan desesperadas como si se fueran a comer el uno a la otra y la aceptación ya es manifiesta en cada vuelta, en el ritmo que agitan las pelvis para hacer los roces más calientes y ambos sexos se quieren fugar en ese mismo instante…pero solo queda tomarla de la mano y llevarla al delirio.

2:45 en el telo: ambos suben las gradas del Delirio, pero ella se retrasa a propo, no quiere que descubra su experiencia, pero sigue mostrando una sonrisa, pues sabe que es su gancho directo a la yugular que nunca falla. Él aúlla como un macho alfa, mientras va buscando el número del cuarto que nunca olvidará y quiere subir las escaleras de tres en tres. ¡No te apures! Llegan a la puerta, la abren y él quiere tomarla entre sus brazos (serán unos…55 kilos, sí puedo). Llega arrastrando al filo de la cama y la deposita suavemente y…

Es viernes, 10 de la noche, después de 9 semanas:

Ella, no quiere ver los resultados de la prueba, pero lo hace tratando de engañarse. ¡Maldita sea! Es positivo. Otra vez. Es positivo…y no puedo tenerlo…mis viejos me matan; sobre todo, él, mi viejito que siempre me encargaba usar preservativo…¿qué hago? ¿lo tengo o no lo tengo? Mejor me meto una bajada de motor…¿y la plata? ¡Me cagué! ¡No! Nos cagamos… ¡Hola, Richi! ¿A que no sabes? Ni te imaginas…!´Tamos cagados! ¡´Toy Llerena!

¡Plop!

domingo, 31 de mayo de 2026

BUTACA 26

 

A pesar de los siglos de conversa acumulada con sus miles de historias guardadas como si fueran tesoros en baúles con candado de feria, la humanidad todavía sigue buscando su origen y su trascendencia de grupo, para luego contarlas con la solemnidad de chamanes que se equivocan de receta, brujos que cobran por adelantado, o poetas que recitan mitos con más balbuceo que karaoke de borrachos. Todo eso, claro, transformado en teatrillos improvisados frente a las expectativas infinitas de un público que ya ni sabe qué espera. 

Hoy, sin quererlo, aparece una banda achorada en pleno siglo XXI, con “su” arte escénico tan improvisado que parece ensayo de colegio fiscal. Empujados por pura concha, se ponen la máscara clásica de la actuación para representar la vieja historia de siempre. Y aunque dicen ser actores nuevos, en realidad son viejos zorros con más uñas que manicure de barrio. Esta “banda histriónica” de consumados malandros ya estaba metida en una pendejada monumental antes de inventar el Chongreso. 

Mientras tanto, los sufridos espectadores quedamos con el hocico abierto como concha acústica, los bolsillos planchados y la cabeza gacha de pura vergüenza ajena. Encima nos sirven entremeses burdos que huelen a trafa, y en su “mejor actuación” alteran el libreto con posturas de falsa honestidad, disfrazadas de claridad y suficiencia. Prometen con megáfono populista y juramentos de feria, y al final ¡muerto tanto el cholo de la platea como el de la galería! 

Y aunque nos rocían maicito por quintales, el mensaje es clarito: agarrar el máximo poder con las garras, llenar las alforjas de verdes, cambiar de máscara según convenga y mentir a la derecha y la izquierda. Dibujan promesas imposibles, se venden como magos de caros anhelos y destilan verborragia con triple parlante que emboba a los incautos de siempre. Lo peor: son chupes venidos de la informalidad, comprados con drogas escondidas bajo el palio de aportantes oscuros, todos embebidos en corrupción y tráfico múltiple. Ya se escaparon del INPE tantas veces que deberían tener tarjeta VIP. 

Ahora, en sus filas, admiten fundamentalistas, zurdos disfrazados de moderados, charlatanes de ocasión y entreguistas de profesión. En la otra banda rebalsan modernos sicarios que mienten en japonés, chino o coreano, con faldas o pantalones, siempre cargando mochilas de traición desde cinco temporadas atrás. Sus promotores vienen de la selva del mercurio, del oro y del veneno, de socavones asesinos, de pastas encantadas y encantadoras; de intereses macroeconómicos tan altos como su apetito personal de poder y dinero mal habido. 

El público cansado solo espera que caiga el telón rojiblanco este 7 de junio. Pero a la vuelta de la esquina ya están listitos otros grupos malditos con muchas más ansias. La escenografía ya se la preparamos, pues los pingües resultados se saben de antemano, y lo peor: hay miles de entradas vendidas para la nueva temporada. La historia, como siempre, se repetirá una y otra vez… con carcajadas incómodas incluidas.