En las entregas anteriores ya habíamos chismeado sobre
el Bot Familiar I y II, con sus desvaríos hasta el 2024. Pero ahora, querido
Choche, nos toca meternos de cabeza —sin casco ni seguro de vida— en la llamada
Generación Beta, esa camada que arranca en 2025 y se extiende hasta el 2039. La
literatura moderna, tan dada a la exageración, ya la bautizó como “perdida”. Y
no porque anden flotando como globos sin piola en un limbo sideral, sino porque
parecen náufragos mareados, sin GPS, esperando que alguien los recoja con
tanque lleno de gasolina. Spoiler: nadie va a ir.
El panorama es tan alentador como un velorio sin café.
El futuro pinta más jodido que un analfabeto funcional con diploma en
PowerPoint. Y lo peor: las apps —Siri, Alexa, Copilot, Chat Zone y toda la
corte celestial de la IA— nos lo pintan de colores chillones, como si la
desgracia viniera con filtro de Instagram. Ante semejante amenaza sideral,
corrimos desesperados al oráculo de La Antiquilla: el célebre Loskagamuz. El
hombre, fiel a su estilo, nos soltó la verdad con la misma delicadeza de un
ladrillo cayendo en la cabeza:
A) La
crítica mental seguirá debilitándose hasta quedar como músculo atrofiado. El
fulano del siglo XXI ya no recordará ni el nombre de su vieja, confundiendo la
realidad con lo virtual, porque el 90% del contenido será generado por IA. O
sea, la memoria humana quedará reducida a un pendrive barato.
B) Los
robots ya son asistentes de toda la vida. La IA conversa con tus emociones,
mientras los hologramas se sientan a la mesa y piden postre.
C) La
Tierra, llena de chinitos e indios (los de verdad), se superpuebla. La
inmigración se convierte en deporte mortal, la discriminación florece como
cactus en desierto, y el mundo sigue obsesionado con ser blanquito, esbelto y
millonario.
D) La
tecnología y la calidad de vida serán patrimonio exclusivo de minorías
nórdicas. El resto, a mirar desde la ventana, porque la educación misma se
encargará de establecer escalas y diferencias.
Trágico, ¿no? Pero Loskagamuz, entre carcajadas de
brujo cansado, nos lanzó un salvavidas: las propuestas. Porque
hasta en el Titanic hubo orquesta.
- El
Metaverso, ese Disneyland digital, podría despertar curiosidad y hasta
investigación. La educación sería universal, personalizada y llena de
valores. Sí, claro, valores en 3D.
- La
Generación Beta, aunque aún gatea, ya representa el futuro más disruptivo.
Las marcas y empresas se frotan las manos: anticiparse a sus necesidades
es crucial. Herramientas como QuestionPro serán los
nuevos tarot.
- Los
organismos mundiales deberían convertirse en centros de integración libre
y accesible. Todos con comida asegurada, trabajo equitativo y profesiones
desmercantilizadas. Una utopía tan bonita que da risa.
- La
inclusión social, la sostenibilidad y el bienestar común serían el pan de
cada día. Además, la “tecnología del corazón” nos uniría en relaciones
eternas. Traducción: abrazos con Wi-Fi.
- Y,
por supuesto, usar QuestionPro de inmediato para conectar con la Gen Beta.
Porque el futuro comienza ahora, con datos y estrategias. O te quedas como
un bot mecánico, versión Frankenstein del siglo XXI.
El sarcasmo se impone: ¿de verdad creemos que la
humanidad, esa sabandija que tropieza con la misma piedra desde la Edad de
Piedra, va a lograr todo esto? La tragedia está servida en bandeja de plata
oxidada. La Generación Beta será la primera en vivir en un mundo donde la
memoria humana es opcional, la crítica mental es fósil y la IA es la nueva
suegra que opina de todo.
El humor negro, sin embargo, nos salva: imaginemos a
un holograma reclamando su porción de arroz con pollo, a un robot discutiendo
con su terapeuta virtual, y a un humano confundiendo a su esposa con un avatar
del Metaverso. La tragedia se vuelve comedia involuntaria, y el sarcasmo es el
único idioma que nos queda.
Así, querido Choche, seguimos armando este Bot
Familiar con piezas de feria, tornillos flojos y manuales escritos en mandarín.
La Generación Beta será el laboratorio donde se pruebe si la humanidad todavía
merece llamarse “humana”. Y mientras tanto, nosotros, cronistas de la
desgracia, nos reímos para no llorar. Porque, al final, la tragedia más grande
es que todo esto parece inevitable… y encima nos lo venden como progreso.
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