Después de haber estado por un breve lapso (casi por cumplir tres añitos), gozando obligatoriamente de mi Año Sabático, a pesar de no haber hecho mérito alguno; es decir, no haber trabajado ni por una hora seguida, pero, este Choche, es muy obstinado y qué mejor si se trataba de reconocer en carne propia los derechos humanos fundamentales, entonces era la hora o del tiempo necesario para sacrificar esos mesecitos destinados a filosofar -a pierna suelta- Tiempo necesarísimo para emitir un pronunciamiento de completa desaprobación acerca de la palabra trabajo que siempre me sonaba a una ley del Chongreso y, sobre todo, no solamente hacerlo mío, sino, demostrarlo en vivo y en directo; digo, de tomar este tiempito y vivirlo en carne propia por una urgente necesidad de tremenda meditación incomprendida.
Mi viejo, al ver el
poco empeño que le ponía al solo hecho de escuchar la palabrita trabajo y muy
cansado de repetir la misma cantaleta cada medio día en los últimos trece años
y hallándome todavía en mi camita, lucubrando hasta en sueños en esa maldita palabra,
porque me consideraba una persona muy
responsable. Pero, ese día aciago, apareció con un gran valde de agua helada
cubierta de hielo y diciéndome amablemente con un garrote de un metro pordiez
kilos de peso que servía para trancar
segura la puerta principal.
-¡Hoy día mismo, te
bañas y vas al Chongreso; buscas al presi de mi parte y te presentas, que él ya
sabe para qué diablos estás allí.
Convencido por su
especial amabilidad y consideración, le pedí para los pasajes y por poco me
manda a la mismísima…calle.
Después de mil
controles, revisiones y menudas preguntas, estaba presentando mis generales de
ley:
-¡Ahhh…tú eres el
hijo de…mi compadrito Eloy… Bueno, ¿Y tú qué sabes hacer? A tus…treinta
años…¿debes tener… mucha experiencia, nooo?
-Bueno,
experiencia…lo que se dice experiencia…
-Solo vas a
responder a la siguiente tarea: Haz una prelación de las mujeres, ¡Nooo!…de sus
cuerpos; mejor, de la parte principal de su cuerpo…¿Eso sabes, nooo?
Y me sentó frente a
una compu y se alejó sobándose ambas manos. Según pude apreciar en sus ojillos
medio turbulentos, escondía algo que lo hacía sonreír maliciosamente.
Puse como título:
SKALA DE LOS Q, seguido de una pequeña introducción referida a lo que
consideraba lo esencial del cuerpo femenino. Después de revisar por tres veces
seguidas la prelación quedó así:
Consideraciones
Previas: tomando en consideración las últimas clasificaciones venidas desde
París, Países Bajos y Tailandia, especialistas en derrier, pompis o culos, hago
de su conocimiento la siguiente clasificación en tres grupos, para no caer en
confusiones que se prestarían a mil interpretaciones, conjeturas y posibles
rajes: a) In-formadas; b) Formadas y; c) Armani.
Explicación: en el
grupo de Informales están las pisadas por aplanadora, llamadas,
planchas, tablas o desconfiadas; porque buscas afanosamente por todo lado no
encuentras nada de nada por ningún sitio; en el grupo de Las Formales,
comprende a la favorecidas por la naturaleza y presentan señas ineludibles de
sus bondades culinarias; es decir, solo necesitan de un poco de ejercicio y
mucha mano; finalmente, el grupo de Las Armani, aquellas que, a una
cuadra de distancia, huelen a silicona pura y deben tener mucho cuidado con
todo aquello que tiene aguda punta, incluyendo los punteros mentirosos, porque
se pueden pinchar y al toque se desinflan y lo peor, pueden salir volando por la
ventana ante el temor de ser descubiertas.
Al día siguiente, a
las cinco de la mañana, pude ver algo parecido a la figura paterna provista de
un palo de metro y medio, de un cilindro donde, al mover sus aguas, sonaba algo
como trozos de hielo que chocaban entre sí, Mientras seguía soñando con mi elección
y estaba seguro de coger la chamba, a pesar de todo.