Tuita la madrugada habíyamos estau metius en aquello que mi mamitay llamaba “juntar basura” pa´ usarla luego-luego en la vieja y querida concha d´esa cocina levantada a pulso con purito sillar y barro con sus fierros cruzados en la parte d´iarriba y qu´iaciyan las veces d´iuna gran parrilla ande se poniyan las ollas y las cazuelas de barro y se preparaban tuitos los ricos platos que las trejas manos de nuestra mamitay preparaba para cada diya. Pronto aprendí -de solo mirar- que los restos de las raices d´ialfalfa, la huacacara seca y tuito aquello que quedaba dispués de cada cosecha, la teníyamos que juntar en tantos pactuys como nosotros. Y´una vez listos, mandarnos encima nuestros lomos aquellos usaus kepes de manteles hechos con talegas d´iaharina. Luego, luego, s´iarrejuntaban sus cuatro esquinas, se haciya un ñudo no muy juerte y ¡Arriba, al lomo y patitas pa´qué te quiero! Pasaus unas cuantas semanas, y´astaban secas y listas pa´mantener el fuego pa´cocinar tuito el santo diya.
Según me lajlaba m´iagüelo Benito, esa shempre jue la
tareya de tuitos mis primos y a´ura nos tocaba a los más maltones. Así lo
jueron hashendo dende l´Alberta, la Marga, el Valentín y´el Lito, con el que
casicito éramos de la misma lechigada.
Bajamos tacpiando las tabladas qu´eveniyan dende Cayma
y las del Señor de la Caña. Llegamos al filo del Bord´ualto y tiramos al piso nuestros
grandes atados, enseguidita tamién nosotros hicimos lo mismo. Cayimos
malamente, pero nos paramos d´inmediato y nos escuendimos tras la Paccha. Una
vez que creyimos qu´iabiya pasau el peligro, seguimos más apuraus por enmedio de
los maduros maizales y los cascos d´iaquel jinete se nos veniya encima, cada
vez más cerquita.
Aura nuestros bultos resultaban como diez fanegas y
las patas ya no daban n´iun pasito más. Nos detenimos de´junto a´una honda
cequia casi sin agua, pero con mucho pasto creciu en los bordos, con montones
de grandes matas de gallinitas o flor del Texao, y´asta se podiya ver en el
jondo, rociadas matas de berros; ande nadaban algunos negros ocollos quedaus en
los charcos chiquitos, qu´iademás cotimbiaban muy temerosos y´así y todo, nos
metimos d´iadebajo d´esas ramas que nos tapaban con nuestra carga, enteritos.
Solo s´ioyía el trote seco y´apurau d´ese caballo negro qu´espantaba hasta las
brujas y las continuas maldishiones que dejaba escapar ese terrible y
gigantesco jinete. Creyo q´uemos esperau tuita una hora entera. Allí,
escuendidos, acesábamos como los perros agitaus y´estábamos colocaus frent´ia
frente en ese refugio improvisau, pero el alma tuaviya se nos escapaba por la
boca abierta, los ojos como que´sesaliyan de puro miedo y´apareció un temblor
que nos haciya sudar a chorros.
Por fin llegamos a la picanteriya y´el acalorau saludo
recebido jue:
-D´iaseguro que s´ian quedau cingando los huiros del
maíz qu´iay en esas tabladas del Señor de la Caña… ¿Dónde diablos s´ian metiu?
¿N´uan podiu pensar que aquí estábamos apriocupaus…Y´un rato más y´iba a yir su
tata a buscarlos… ¿Qu´ia pasau? ¡Si ya van a ser las tres…! ¡Aurita me vais a
confesar uno por uno! ¡Vesto ve! Dejen sus ataus, a lavarse las manos y luego,
luego, ¡a sentarse en la mesa!
Después de meternos en l´acequión, recién pudimos
recobrarnos de los continuos sustos tenidos a pesar que nos habían advertido de
su posibilidad, pero todos nosotros pensamos que solo era una forma de decirnos
que tengamos mucho cuidado. L´Alberta, que era la mayor, explicó en la mesa lo
que nos había acontecido, el cual fue motivo de nuestro atraso y solo así
pudimos ser perdonados y advertidos para una nueva oportunidad. Al instante,
nuestra mamitay dijo con un tono más tranquilo y shempre poñendo de por medio
s´uinmenso amor:
-Menos mal que no les ha pasau nada…que n´uan teniu
niun accidente…!Maver, pa´que se les pase el susto! ¿Qué les sirvo? Un
Americano o…prefieren sus Dobles?
-Preferible, un güen Americano…porque después hay
que lavar muchos platos s´iesque comemos los dobles…
-¡Vesto ve! Tuito lo qu´iacen estos maulas por no
lavar! ¡Aquí están sus americanos! Y si se les queda en la muela…les sirvo otro
plato… Que mañana tenís que yir nuevamente a rapiar en Challapampa, porque mi
compadrito El Ángelo, m´iavisau qu´iace una semana que l´ian metiu yunta a
su´alfalfar.
Nos miramos sin hacer comentario alguno, mientras se
desasiyan en la boca aquella variedad de comidas con el más grande cariño,
com´uel de las grande chugas de barro ande nos sirvieron y que nunca dejariyan
de gustarnos; pues shempre habiya repetishón.