domingo, 31 de mayo de 2026

BUTACA 26

 

A pesar de los siglos de conversa acumulada con sus miles de historias guardadas como si fueran tesoros en baúles con candado de feria, la humanidad todavía sigue buscando su origen y su trascendencia de grupo, para luego contarlas con la solemnidad de chamanes que se equivocan de receta, brujos que cobran por adelantado, o poetas que recitan mitos con más balbuceo que karaoke de borrachos. Todo eso, claro, transformado en teatrillos improvisados frente a las expectativas infinitas de un público que ya ni sabe qué espera. 

Hoy, sin quererlo, aparece una banda achorada en pleno siglo XXI, con “su” arte escénico tan improvisado que parece ensayo de colegio fiscal. Empujados por pura concha, se ponen la máscara clásica de la actuación para representar la vieja historia de siempre. Y aunque dicen ser actores nuevos, en realidad son viejos zorros con más uñas que manicure de barrio. Esta “banda histriónica” de consumados malandros ya estaba metida en una pendejada monumental antes de inventar el Chongreso. 

Mientras tanto, los sufridos espectadores quedamos con el hocico abierto como concha acústica, los bolsillos planchados y la cabeza gacha de pura vergüenza ajena. Encima nos sirven entremeses burdos que huelen a trafa, y en su “mejor actuación” alteran el libreto con posturas de falsa honestidad, disfrazadas de claridad y suficiencia. Prometen con megáfono populista y juramentos de feria, y al final ¡muerto tanto el cholo de la platea como el de la galería! 

Y aunque nos rocían maicito por quintales, el mensaje es clarito: agarrar el máximo poder con las garras, llenar las alforjas de verdes, cambiar de máscara según convenga y mentir a la derecha y la izquierda. Dibujan promesas imposibles, se venden como magos de caros anhelos y destilan verborragia con triple parlante que emboba a los incautos de siempre. Lo peor: son chupes venidos de la informalidad, comprados con drogas escondidas bajo el palio de aportantes oscuros, todos embebidos en corrupción y tráfico múltiple. Ya se escaparon del INPE tantas veces que deberían tener tarjeta VIP. 

Ahora, en sus filas, admiten fundamentalistas, zurdos disfrazados de moderados, charlatanes de ocasión y entreguistas de profesión. En la otra banda rebalsan modernos sicarios que mienten en japonés, chino o coreano, con faldas o pantalones, siempre cargando mochilas de traición desde cinco temporadas atrás. Sus promotores vienen de la selva del mercurio, del oro y del veneno, de socavones asesinos, de pastas encantadas y encantadoras; de intereses macroeconómicos tan altos como su apetito personal de poder y dinero mal habido. 

El público cansado solo espera que caiga el telón rojiblanco este 7 de junio. Pero a la vuelta de la esquina ya están listitos otros grupos malditos con muchas más ansias. La escenografía ya se la preparamos, pues los pingües resultados se saben de antemano, y lo peor: hay miles de entradas vendidas para la nueva temporada. La historia, como siempre, se repetirá una y otra vez… con carcajadas incómodas incluidas.