lunes, 10 de mayo de 2021

DESASTRE UNIFICADO

 Haciendo un poco de números y después un gran esfuerzo, la encontré guardada entre volutas lejanas de espumoso champán y muchas botellas de anisado; aquella refundida fecha cuando nos dábamos el sí para toda la vida, delante de todos nuestros familiares, parientes y amigos invitados a nuestro matri. Ahora, después de pegarme una rebobinada de la gran flauta a dicha ceremonia y ya con un poco más de discernimiento, saltan a primera vista, como gatos rabiosos, dos cosas que en esos momentos de lírico arrebato, loco frenesí y desesperación por prolongar nuestra tercera luna de miel, pasaron desapercibidas: a) los opuestos gestos de nuestras viejas y b) la maliciosa complacencia de nuestros viejos.

Por una parte, mi progenitora, metida en su despampanante rebozo hasta las orejas, simulaba una interminable sonrisa porque estaba viendo a su engreído y todo el mundo felices; sin embargo, en un estudiado momento, se voltea disimuladamente, se persigna tres veces seguidas y rompe en un llanto supuestamente desconsolado; luego, le pega una mirada matadora a su nuera, hace un gesto de ira y mueve los labios apuradamente y parece que lanza mil conjuros y maldiciones. Del otro lado, mi madre política, metida en una falsa piel que simula ser de armiño, se hace viento con un gigantesco abanico que le tapa media cara, mira a todo el mundo por sobre el hombro y clavándome, digo, calcinándome con una mirada súper-extra-archi maldita, arquea las cejas en señal de desaprobación, pero sonríe forzadamente y suelta una mueca de altivez, con un leve movimiento de cabeza de abajo hacia arriba, como quien dice: -“Ya verás perro maldito, desgraciado y pobretón trepador, ni te imaginas cómo voy hacer tu vida a cuadritos”.

En la otra esquina… digo, mientras tanto, mi viejo como mi futuro suegro se ríen a carcajada limpia, meándose en los invitados y el cura que estaba a punto de reventar; ambos nos miraban burlonamente y otra vez empezaban a reír; es más, volvieron a mirarnos y señalarnos con sus dedos índices, cuchichear solapadamente hasta contener sus huatas a punto de caer por tanta risa. Yo pensaba, estos desgraciados de m, están felices porque dirán a dúo, por fin logramos casarlos a estos pendexos, después de sus continuas fugas que duraban de tres a diez días con la disculpa hecha por la falta de movilidad para su regreso, los paros indefinidos o la suspensión de vuelos.

Los primeros quince días habían pasado volando y aquella mujer angelical, correcta, puntual y sobre todo muy ordenada, desapareció. En la segunda quincena ya no había desayunos, es más, no había tazas ni platos para servirnos las comidas. En el lavabo solo había pilas interminables del servicio sucio; la cocina estaba sin gas; del comedor solo quedaba montones de vajilla utilizada, tapada con servilletas usadas. Y nuestro pequeño y limpio nidito de amor, era una mugre con m mayúscula.

-Amorcito, ya no tenemos dónde servirnos las comidas… ¿cuándo vas a la…

-¿Qué cosa? ¿Cómo has dicho? Creo que te he escuchado mal… ¡A ver repite…!

-Amorcito, ¿cuándo vas a lavar toda esta cochinada de casa?

-¿Cochinada, amorcito? ¡La tuya… dirás, ¿cuándo vamos a lavar…! ¿O nooo?

-¡Eso la veremos después… vamos a la fiesta de tus viejos!

-Ahhh… bueno, en ese caso… después que regresemos, amorcito… nos ponemos a limpiar nuestro nidito de amor… Yo me pongo mandil y tú, como eres más fuerte, te pones a lavar toda la ropa interior, la vajilla y la ropa de cama… ¡¿verdad que sí, amorcito?!

-¡O.k.! ¡Está bien! Mientras tanto, anda lavando el servicio del comedor y me preparas un par de huevos…

-¡Yo soy la que está muy antojada; no importa si solo los haces pasados, con salcita y pancito recién horneado…¿yaaa?

-¿Y no deseas que te los traiga a la cama? Mientras voy a la panadería, ¿amorcitooo?

-¡Eres mi rey… y después de los huevos, podemos quedarnos un ratito más en la cama…¿nooo?

-¡Por supuesto! Pero el problema que tengo es el de los cachitos recién horneados… tendré que ir a comprarlos hasta el centro…

-No importa; anda a conseguir los cachitos; mientras me pego otra dormidita... ¿Para qué te pones casaca?

-Siento un poco de frío y de repente me demoro un poquito… ¡Ya vuelvo!

Pero, aburrido hasta el hartazgo, este choche, verificó su tarjetera y verificó sus saldos. Tenía para perderse hasta por tres días… Cogió el celu y se comunicó con viejas… amistades.

-Todo lo que ocasiona una visita a los padres políticos -Pensaba- ¡Pero los voy a festejar como Dios manda!