MIEDO RECURRENTE
—Esta vez ganó la China, ¿nooo?
—¡Qué miedo, nooo!
—Sí, pues, Choche… aquello de que “a la tercera va la
vencida” se fue al tacho como promesa de candidato en campaña. Ahora solo nos
queda esperar…
—¿Esperar qué cosa? ¿La resurrección de Tupac Amaru
con Wi-Fi?
—Que realmente gane. Que cambien muchas cosas: su
desgobierno patrocinado por el Chongreso, la inseguridad que te asalta hasta en
la cola del pan, la bala que te ofrecen como “servicio premium” si no pagas la
cuota asesina, la teta del Estado que ya parece vaca flaca con exceso de
burócratas chupando… ¿sigo?
—¡Stop, Master! Estábamos metiendo letra acerca de la
cuarta, no me cambies el tema con tu lista de desgracias estilo catálogo de
Ripley.
—Estoy más consciente que nunca, porque ha roto la
norma de la tercera. Su asesor le dijo: “Trabaja con lo básico de la existencia
humana”.
—Ahhh… seguro que te refieres a las dádivas, los
regalitos, las promesas juradas y rejuradas por el alma del padre, ¿nooo?
—¡Naranjas! Hablo de lo que siempre se ha usado desde
que el hombre apareció sobre la tierra, desde que descubrió que podía asustar
al vecino con un ruido raro en la cueva. Algo que persiste por los siglos de
los siglos y que garantiza éxito más que un TikTok viral.
—¿Acaso te refieres a las armas?
—¡No, Choche! Es algo mucho más efectivo: el miedo.
—Pero yo soy machote Alfa 1, no tengo miedo a nada ni
nadie.
—¡Equivocado de pe a pa! No se necesitó discurso de
tres horas, ni párrafo picante, ni oración conmovedora. Bastó con una palabrita
que te da diarrea fulminante y te cierra hasta los poros: Comunismo.
—¡Tas hueveando, Choche! ¿Una sola palabra puede
tumbar elecciones?
—¡Claro! Fue suficiente para generar calofríos,
tembladeras y fiebre amarilla, fiebre de Malta y fiebre de miércoles. Apenas se
soltó la amenaza, corrió la voz: “Te vas a quedar sin trabajo, te van a quitar
a tus hijos para el ejército, tus propiedades desaparecerán, y lo peor: ¡el
terrorismo va a volver con el comunismo!”. Y se acabó la competencia electoral.
—Pero, Choche, ¿una sola palabrita puede ocasionar tal
descalabro?
—Lo puede y lo hace. El caldo ya estaba preparado,
reciclado y recalentado como sopa de carretilla. Las masas de perusolimitados
no leen, no consultan, no tienen educación y solo escuchan sus redes sociales.
Repiten día y noche el eslogan preparado desde arriba, como loros con Wi-Fi. Y
automáticamente, el puerco de sus creyentes entra en shock y se transforma en
eco subliminal.
—¿Es decir, seguimos viviendo en la Época de la
Colonia? Llenos de taparrabos y plumas, deslumbrados por espejitos que reflejan
luces de color.
—Exacto. Aunque no lo creas, la mayoría de
analfabestias todavía escucha el canto de las sirenas: unas veces para
convencerse de lo que no conviene, otras para despertar miedos que ciegan
entendederas y nos hacen proceder como animalitos.
—Entonces, ¿ya no tenemos salvación?
—¡Claro que sí! Bastaría con dotarnos de una buena
educación de calidad como punto de partida. Pero como eso suena más difícil que
conseguir cita en Essalud, seguimos atrapados en el loop del miedo recurrente.
Y la China, con un cursito de pedagogía exprés, podría ser perdonada.