domingo, 29 de marzo de 2026

SEXO Y REGLAS

 Arranquemos por el meollo del asunto: la atracción. Es ese imán universal con el que nacemos y que, sin pedir permiso, nos lanza a la jungla del deseo. Así de simple, Choche, belive it or not: es la fuerza que nos convierte en cazadores desquiciados y, al mismo tiempo, en presas resignadas, blancos móviles, chapes improvisados o calculados como examen de admisión. Y ojo, aquí no metemos al amor, porque ese es otro animal raro que aparece cuando menos lo esperas, como resaca del día lunes.

El ser “tan evolucionado” que somos logró sofisticar esta conducta animal con armas dignas de museo: bastaba un ronquido en Fa mayor dentro de la oscuridad de la cueva para seducir; un gruñido con guiño malicioso en el instante preciso, o, en su defecto, un mazazo de tres metros que garantizaba arrastre inmediato y contrato vitalicio. Pero la evolución no se detuvo ahí: llegaron las dopaminas, feromonas, oxitocinas y demás “inas”, despertando a la adrenalina que dormía con un ojo abierto, lista para la embestida de la bestia. Resultado: faena aplaudida, sacada en hombros… salvo que el protagonista desapareciera en el intento, como buen mártir del colchón.

Hoy, como primates homínidos con carnet de “casi humanos”, seguimos en la misma, pero con paradigmas más caros. El otro siempre hipnotiza, seduce y te deja como trapo de huarique ambulante. Y ahí entró la inteligencia femenina: desde la primera pinturita en los ojos para ahorrar esfuerzo cárnico, hasta el arsenal moderno de cremas milagrosas, jaladas imposibles y silicones que buscan corregir las fallas de fábrica. El resultado: un catálogo humano que parece más producto de ferretería que de biología.

La tecnología, veloz como chisme de barrio, ya nos está reduciendo todo a reglas matemáticas para garantizar la atracción. Prueba de ello: la Regla 777, la del 10%, la del 3-3-3, la de las 72 horas, la 2222, la 3-6-9 y hasta la de los tres pies (que nadie sabe si es de baile o de circo). Todas diseñadas para que no haya reclamos en la eterna guerra de los dos mundos sobre el colchón. Porque claro, nadie quiere bajas innecesarias en esa batalla campal.

Pero, querido Iniciado, si pensabas que esto era todo, error garrafal. La próxima semana, los algoritmos, la IA, Alexa, Copilot y compañía nos venderán la versión “más humana” del prototipo perfecto, listo para faenas virtuales en tarimas digitales. Mientras tanto, las muñecas inflables con IA, en su último congreso anual, decidieron por unanimidad prescindir de los churros espectaculares. ¿La razón? Descubrieron que la plena satisfacción la consiguen solitas, sin necesidad de esperar al otro bando que nunca estudió para el examen.

—¡Ta, ta, taaa…!