sábado, 15 de agosto de 2026

DON BENITO, UN LONKO D´IADEVERAS

Habíamos asistido religiosamente a la misa de honras fúnebres celebrada en la Iglesia de Sabandía para despedir el cuerpo presente de nuestro querido Negro Armando Rivas, más conocido como el “Potrillo Retinto”. Medio pueblo había concurrido como siempre: una rápida mirada y allí estaba mi tía Edubiges, la Calzón con Parches, al igual que mis primas; todas, vestidas llevando un luto muy estricto que les cubría hasta la cabeza. También los primos de mi difunto tío y demás parentela vestían algunas prendas oscuras, dando al penoso ambiente un aspecto más gris a este templo repleto de familiares ´dolidos´, amigos de “tuita la vida” y un montón de curiosos que nunca faltan en esas ocasiones. De improviso, se hizo un largo silencio, pues, a lo lejos, un séquito arropado con túnicas blancas y moradas salía de la sacristía con ritmo pausado y un tanto solemne, haciendo que despertara cierta curiosidad entre el gentío y mi abuelo Benito, meciéndose la barba; socarronamente, comentó:

-Oíteee, m´ijo, ¿ande s´ia metiu la Rabo Loco de la Brígidas? ¡No la veyo por ningún sitio! D´iaseguro yastáu con el cura Panza´y trapo… Creyó que y´es su mujer… ¡Hay ande lo vis, es un zamarro… ¡Cómo le gusta enamorar a las maltonas…! S´iarremanga las polleras y patitas pa´qué te quiero… ¡Si´es un bandiu, este diaulo con sotana! Mirálo con su uniforme… ¡No mata n´iuna mosca! ¡Oíte… si´a trayiu tres monaguillos, vesto ve, qué tal lujo!

-Cállate, abuelito, no ves que ya va a arrancar la misa…

-¡No le hagáis caso! D´iaseguro qu´iastau tirándose el vino… Si zampau nomá para! ¡Aurita se caye, vais a ver!

Y como que dos y dos son cuatro, para mala suerte del cura, iba adelante para colocarse presuroso en medio del altar cuando, por mirar cautivado por una bella jovencita de la primera banca, enredó torpemente sus pies entre la pesada alfombra y perdió el equilibrio. Quiso apoyarse en la mesa donde iba a celebrar la esperada misa, pero temerariamente se cogió del mantel y zuácate, se vino abajo junto con uno de los chicos que lo tenía tomado del brazo. Al instante, retumbó un solo golpe contra el piso y pareció remover todo el salón, escuchándose un destemplado y sonoro ¡Puta madre… virgencita perdonaméee… que me voy a sacar la m…! Al toque, se escaparon algunas sonoras carcajadas venidas desde las bancas laterales; empero, los más devotos, disimularon sus aguantadas risotadas y las tías no cesaban de persignarse elevando sus ojos al cielo mostrando una simulada incomprensión.

-¡Je, je, je! No vis, te dije, está más zampau qu´el Mariano Chirote, que con agua´ymote s´emborracha. ¡No t´iaguantís! Reyite nomá, qu´esta misa no se celebra ni en 24 horas… vais a ver…!

Por más que sus atentos ayudantes del párroco acudieron preocupados porque el voluminoso cura se iba de pujo en pujo y no podía recobrase, una, dos tres veces seguidas; pues constantemente se empeñaba en querer recostarse, pero la inmensa guata no se lo permitía. Nuevamente intentó cogerse de algo que lo pudiese ayudar y para su mala suerte, nuevamente se topó con una esquina del mantel; la jaló con todas sus fuerzas y estrepitosamente se vinieron abajo los dos candelabros encendidos, los tres floreros, el atril, su misal y el copón lleno de vino junto con sus asustados monaguillos, haciendo un ruido de los mil demonios, pero esa abultada figura cayó, esta vez, más redonda que nunca.

-¡Ayuda, ayuda, ayuda… pa´l padre Quevedo! ¡Que s´ia roto la torocma y´está chorriando sangre a montones!

-¡Qué sangre, ni que sangreee… es el vino qu´ia chupau tuita la mañana! Ofrézcanle una bota del vino de consagración y verís como se para al momentito… y ¡Santo remedio!

-Ayuda, ayuda… ¿And´están los varones? ¡Ya pueee… que se va a desangrar el padrecito…!

Apenas escucharon la invocación de la beata mayor, un grupo de mis tíos, presurosos, corrieron hacia el altar mayor y quisieron subir todos a la vez por las gradas del estrecho pasadizo, ahora cerrado con un disimulado candado… Y solo se escucharon una lluvia de gritos desaforados buscando ingresar:

-¡No empujennn, carajo, que nos vamos  a cayer! ¡Aguanten los de atrás… Salten hermanos!

En tropel, el aguerrido grupo de voluntarios volvió a la carga y una vez más lo hicieron atropelladamente. Los de adelante no pudieron levantar las piernas a tiempo e infinidad de golpes fueron cayendo uno tras otro en el nutrido templo que ahora era un gentío bullanguero y descontrolado y esta vez las risas no se aguantaron y todo el mundo comentaba:

-¡Estos burros acomedius no saben nadita d´iorden! ¡Fila, fila, fila! Hayque sacar una reyata y agarrarlos a latigazos por zonzos y por mulasss…! ¿Cómo van a querer saltar juntos, si ni pueden levantar las patas con facilidá? ¡Corran, corriendo a llamar a la Hermiña… la curandera pueee… y que traiga mucha árnica, varias vendas y que venga con mucho anisau pa´que pueda curar a tanto burro ccoro qu´ia queriu cotimbiar en pleno templo…

-¿No te lo dije, hijito? Esta misa va ser p´arrecordarse tuita la vida… s´iesque hay misa… porque con este cura… Mañana que tenemos misa… Aunque ya s´iasentau y l´ian vendau la torocma… Maver…

-¡Abuelito, ya el padrecito ha dicho que no puede… que está muy enfermo…!

-¡Que sigue zampau, el muy ladino! ¡Yo voy a hablar con él! Maver si´amí no m´iace caso este coj… ¡Oíte, Wenceslao, tenís que celebrar esta misa… Y aurita tenís qu´iacerlo… Mirá que ya pasau tres horas y la gente está esperando… ¡Paratéee… que´n mi casa t´espera un damajuana del´de San Juan de Churunga!... No nos dececcionís… viejo sabiu y muy trejo!

Al rato se estaba celebrando la misa pa´l Negro Armando…

 

 

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