Habíamos asistido religiosamente a la misa de honras fúnebres celebrada en la Iglesia de Sabandía para despedir el cuerpo presente de nuestro querido Negro Armando Rivas, más conocido como el “Potrillo Retinto”. Medio pueblo había concurrido como siempre: una rápida mirada y allí estaba mi tía Edubiges, la Calzón con Parches, al igual que mis primas; todas, vestidas llevando un luto muy estricto que les cubría hasta la cabeza. También los primos de mi difunto tío y demás parentela vestían algunas prendas oscuras, dando al penoso ambiente un aspecto más gris a este templo repleto de familiares ´dolidos´, amigos de “tuita la vida” y un montón de curiosos que nunca faltan en esas ocasiones. De improviso, se hizo un largo silencio, pues, a lo lejos, un séquito arropado con túnicas blancas y moradas salía de la sacristía con ritmo pausado y un tanto solemne, haciendo que despertara cierta curiosidad entre el gentío y mi abuelo Benito, meciéndose la barba; socarronamente, comentó:
-Oíteee,
m´ijo, ¿ande s´ia metiu la Rabo Loco de la Brígidas? ¡No la veyo por ningún
sitio! D´iaseguro yastáu con el cura Panza´y trapo… Creyó que y´es su mujer…
¡Hay ande lo vis, es un zamarro… ¡Cómo le gusta enamorar a las maltonas…!
S´iarremanga las polleras y patitas pa´qué te quiero… ¡Si´es un bandiu, este
diaulo con sotana! Mirálo con su uniforme… ¡No mata n´iuna mosca! ¡Oíte… si´a
trayiu tres monaguillos, vesto ve, qué tal lujo!
-Cállate,
abuelito, no ves que ya va a arrancar la misa…
-¡No le
hagáis caso! D´iaseguro qu´iastau tirándose el vino… Si zampau nomá para!
¡Aurita se caye, vais a ver!
Y como que dos y
dos son cuatro, para mala suerte del cura, iba adelante para colocarse
presuroso en medio del altar cuando, por mirar cautivado por una bella jovencita
de la primera banca, enredó torpemente sus pies entre la pesada alfombra y
perdió el equilibrio. Quiso apoyarse en la mesa donde iba a celebrar la
esperada misa, pero temerariamente se cogió del mantel y zuácate, se vino abajo
junto con uno de los chicos que lo tenía tomado del brazo. Al instante, retumbó
un solo golpe contra el piso y pareció remover todo el salón, escuchándose un destemplado
y sonoro ¡Puta madre… virgencita perdonaméee…
que me voy a sacar la m…! Al toque, se escaparon algunas sonoras carcajadas
venidas desde las bancas laterales; empero, los más devotos, disimularon sus aguantadas
risotadas y las tías no cesaban de persignarse elevando sus ojos al cielo mostrando
una simulada incomprensión.
-¡Je, je,
je! No vis, te dije, está más zampau qu´el Mariano Chirote, que con agua´ymote
s´emborracha. ¡No t´iaguantís! Reyite nomá, qu´esta misa no se celebra ni en 24
horas… vais a ver…!
Por más que sus
atentos ayudantes del párroco acudieron preocupados porque el voluminoso cura
se iba de pujo en pujo y no podía recobrase, una, dos tres veces seguidas; pues
constantemente se empeñaba en querer recostarse, pero la inmensa guata no se lo
permitía. Nuevamente intentó cogerse de algo que lo pudiese ayudar y para su
mala suerte, nuevamente se topó con una esquina del mantel; la jaló con todas
sus fuerzas y estrepitosamente se vinieron abajo los dos candelabros
encendidos, los tres floreros, el atril, su misal y el copón lleno de vino junto
con sus asustados monaguillos, haciendo un ruido de los mil demonios, pero esa
abultada figura cayó, esta vez, más redonda que nunca.
-¡Ayuda,
ayuda, ayuda… pa´l padre Quevedo! ¡Que s´ia roto la torocma y´está chorriando
sangre a montones!
-¡Qué
sangre, ni que sangreee… es el vino qu´ia chupau tuita la mañana! Ofrézcanle
una bota del vino de consagración y verís como se para al momentito… y ¡Santo
remedio!
-Ayuda,
ayuda… ¿And´están los varones? ¡Ya pueee… que se va a desangrar el padrecito…!
Apenas escucharon
la invocación de la beata mayor, un grupo de mis tíos, presurosos, corrieron
hacia el altar mayor y quisieron subir todos a la vez por las gradas del
estrecho pasadizo, ahora cerrado con un disimulado candado… Y solo se
escucharon una lluvia de gritos desaforados buscando ingresar:
-¡No
empujennn, carajo, que nos vamos a cayer!
¡Aguanten los de atrás… Salten hermanos!
En tropel, el aguerrido
grupo de voluntarios volvió a la carga y una vez más lo hicieron
atropelladamente. Los de adelante no pudieron levantar las piernas a tiempo e infinidad
de golpes fueron cayendo uno tras otro en el nutrido templo que ahora era un
gentío bullanguero y descontrolado y esta vez las risas no se aguantaron y todo
el mundo comentaba:
-¡Estos burros
acomedius no saben nadita d´iorden! ¡Fila, fila, fila! Hayque sacar una reyata
y agarrarlos a latigazos por zonzos y por mulasss…! ¿Cómo van a querer saltar
juntos, si ni pueden levantar las patas con facilidá? ¡Corran, corriendo a
llamar a la Hermiña… la curandera pueee… y que traiga mucha árnica, varias
vendas y que venga con mucho anisau pa´que pueda curar a tanto burro ccoro
qu´ia queriu cotimbiar en pleno templo…
-¿No te lo
dije, hijito? Esta misa va ser p´arrecordarse tuita la vida… s´iesque hay misa…
porque con este cura… Mañana que tenemos misa… Aunque ya s´iasentau y l´ian
vendau la torocma… Maver…
-¡Abuelito,
ya el padrecito ha dicho que no puede… que está muy enfermo…!
-¡Que
sigue zampau, el muy ladino! ¡Yo voy a hablar con él! Maver si´amí no m´iace
caso este coj… ¡Oíte, Wenceslao, tenís que celebrar esta misa… Y aurita tenís
qu´iacerlo… Mirá que ya pasau tres horas y la gente está esperando… ¡Paratéee…
que´n mi casa t´espera un damajuana del´de San Juan de Churunga!... No nos
dececcionís… viejo sabiu y muy trejo!
Al rato se
estaba celebrando la misa pa´l Negro Armando…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario