domingo, 21 de diciembre de 2025

LA MANZANA DE LA DISCORDIA

 En el penthouse celestial del Olimpo, donde los dioses viven como influencers sin necesidad de filtros, se celebraba el evento del año: el matrimonio de Tetis y Peleo. Porque claro, ¿qué mejor manera de festejar que con una boda donde todos los ex están invitados y la única que no lo fue... es la que tiene más ganas de hablar?

Los dioses, esos seres eternamente jóvenes gracias a su dieta líquida de néctar y ambrosía (básicamente jugo detox con nombre fancy), estaban tirados en sus divanes dorados como si fueran estrellas de reality griego. Hebe y Ganímedes, los meseros divinos, servían tragos como si fuera viernes en el Olimpo Bar.

Todo era paz, amor y filtros de belleza divina, hasta que entró ella: Eris, la tía incómoda que nadie quiere en la boda:

—“Este regalito es para la más bella”, dijo Eris, con esa sonrisa de quien sabe que acaba de prender fuego al grupo de WhatsApp familiar.

Las tres diosas más competitivas del Olimpo —Hera, Atenea y Afrodita— se miraron como si acabaran de ver un vestido repetido en la gala del Met. Todas querían la manzana, porque aparentemente ser diosa no te exime de tener autoestima basada en premios frutales.

Zeus, que estaba en modo “yo no me meto”, propuso que un mortal decidiera quién era la más bella. Porque claro, ¿quién mejor para juzgar la belleza divina que un pastor con cero experiencia en diplomacia y una conexión emocional con las ovejas?

Así llegó el pobre Paris, príncipe de Troya y víctima de un oráculo que básicamente decía “este chico va a causar una guerra, pero démosle una manzana primero”. Las diosas se le aparecieron como si fueran finalistas de un concurso de belleza con soborno incluido:

  Atenea le ofreció sabiduría (como si eso se valorara en un mundo donde los likes mandan).

  • Hera le prometió poder (porque nada dice “te amo” como una dictadura).
  • Afrodita, con su voz de comercial de perfume, le prometió a la mujer más hermosa del mundo. Y claro, Paris, con la madurez emocional de un adolescente en su primer crush, eligió la opción con curvas.

La ganadora fue Afrodita, y las otras dos se fueron a hacer indirectas en sus stories. Paris, guiado por su nueva sugar diosa, fue a buscar a Helena, esposa de Menelao, que era tan bella como problemática. Se la llevó a Troya como si fuera un souvenir de viaje, y cuando Menelao volvió de su guerra y vio que le habían robado a su esposa, armó tremendo grupo de WhatsApp con los griegos y dijo: “Vamos a Troya a recuperar lo que es mío. Y de paso, quemamos todo”.

Y así, por una manzana, tres egos inflados y un hombre que no sabía decir “no gracias”, empezó la Guerra de Troya. Porque en el fondo, todo esto fue una mezcla de belleza, berrinche y decisiones tomadas por hombres que no sabían que el verdadero poder estaba en no meterse.

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