lunes, 26 de septiembre de 2022

“VAMOS AL PIQUE”

 El recreyo nos habiya resultau muy chico y n´uabiya n´iun tantito pa´tener más discushones. El Cuche Roncal, mi compañero de clase, avispau como shempre, lajló voz en cuello: ¡La campana ya´sonau tres veces, vamos! Chapó tuitas las bolas y se las catató en el bolsillo d´iatrás, porque era su sitio preferiu pa´ acolpachar las shete canicas plantadas pa´ser pelladas en el juego y nos gritó:

-La seguimos a la salida…

El Flaco Aguilar y yo, todavía sorprendidos, solo atinamos a mirarnos frente a frente, pues todavía nos quedamos juntos e hincados sobre esa alejada parte del patio especialmente escogida para rompernos el alma tratando de achuntar a cualquiera de las bolas picadas anteriormente y caídas entre los mil recovecos del pequeño lugar empedrado; allí, donde desarrollábamos uno de los juegos de nuestra niñez. Ya callados y sentados sobre nuestras bancas bipersonales seguíamos elaborando estrategias para ganar otra pactada batalla a la salida de la escuela.

-¿Quién puede señalarme los tres estados del agua? A ver… Paredes, ¿qué me dices?

-¿Me puede repetir la pregunta, señor profesor? Estaba preocupao, pensando en mis tareas…

-Las tareas de conseguir más bolas… ¿nooo? Para jugar al pepo, al pepo y cuarta; al pique o a la troya…¿nooo?

-(Pucha, que se las sabe de todas, todas). No, señor profesor… Yo solo juego a veces…

Y nuevamente mis pensamientos volvían al pique, donde cada uno, desde el primer grado, tenía que aprender por simple observación: primero, saber escoger el lugar correcto donde había un empedrado corto y, en él,  una piedra redondita, especial por su mayor tamaño y la suavidad de su superficie, tanto como aquellos otros lugares cercanos y preparados a propósito donde podrían quedar las bolas después que cada jugador coja su colorida arma de vidrio entre los dedos pulgar e índice para chocarla contra la parte superior de la piedra escogida y después de un salto pueda salir disparada tratando de darle a cualquiera de las bolas falladas que quedaban después de cada intento dado. Antes, para empezar, se colocaba una canica un tanto escondida cerca de la partida y cada uno tenía que procurar darle un toque o caer lo más cerca posible de aquella. El orden de participación estaba sujeto a la cercanía del lanzamiento o pique.

Los campanazos anunciando la salida de clases, ahora sonaron más alegres que nunca. Tomamos nuestros bolsones blanquecinos hechos con talegas de harina; los colocamos cruzados sobre pecho y espalda y tan solo bastó una mirada entre los tres para tomar las de Villadiego. El Cuche, como siempre fue el primero en llegar, sin sacar la mano del bolsillo lleno de sus preciadas bolas; se hincó de golpe con las piernas abiertas sobre la piedra principal. Con sumo cuidado y con el dorso de su mano, limpió cuidadosamente esa querida redondez y la dejó más chillantita que nunca:

-¡Seguimos en el mismo orden y… soy el primero para plantar mi bola y darles una chance…

-Pero no piques tan fuerte, que después vamos a quedar huacchos, sin una sola bola…

-Y vamos a tener que capujarte unas cuantas…

-¡Nooo! Ni de raspas… yo juego legal, legalcito… ¿nooo, Flaco?

-Que diga el Paderes, él ya sabe c´omueres de malo jugando al pique… lo del recreyo, creyo que jue pura chiripa… Maver…pica tu tirallo pa´que veyáis como te vais a quedar más pelau qu´iun pollo de la recoba…

-Yo solo sé qu´enesta media hora que nos queda… porque no puedo llegar atrasau a mi casa, tengo que quepicharme tuitas sus bolas… qu´están bien chelitas…

-¡Cierren el hocico! Q´iaquí va el más trejo de las bolas… el campión del pique…

Y con una destreza infinita, chocó su bola principal y la disparó hábilmente en un hoyito donde apenas se podía ver una pequeña parte de sus brillantes colores.

-¡Hay tenís! No creyo que seya tan difícil darle… Hast´ún shego le dariya con los ojos cerrados… ¡Anda peee, Flaco… Achunta p´autro lau y dejamelá facilita pa´meterle un cabis…

-¡Aguanta, aguanta, Cuchillo! Que tuaviya me falta meterle su güen cocacho a sus dos bolas… Aura van a ver al mejor piquero d´iarequipa… ¡Falla, falla, falla…Flaquito! Y dejameláaa chalitaaa…

-Ya peee… no l´iablís a la mano… que me gua luchir en este tiro… y si no l´iachunto al Cuche, voy a tener que tirar d´aideveras otra vez…

-¿Qué t´iapasau…espantapájaros? ¿De cuando aquí t´ias güelto tan reclamón? S´iel año pasau no teniyas ni ganas pa´poder tincar una bolita d´iamedio?

-¡Dejalóoo que tire el Flaco! Que ya lo vide… Se va luchir… se va a luchir y se luchóoo…

-¡No Vale, no vale, son unos maricones! L´ian hablau a la mano y se m´ia luchiu… como nunca!

De pronto, sonó una de las sirenas que anunciaban la salida de sus trabajadores.

-¡Aura sí que estoy fregau… d´iaseguro que me caye otra vez… anque lui escondiu ese chicote de tres ramales y´esto s´está oscureshendo…

AREQUIPEÑISMOS: basado en el Diccionario de Arequipeñismos de Juan Gmo. Carpio Muñoz

Acolpachar: arrejuntar, cobijar

Cabis: toque, golpe

Capujar: quitar, arranchar

Catató: guardó, llevó

Chalita: fácil

Chillantita: nuevecita

Chiripa: casualidad, suerte

Huaccho: quedar solo uno

Lajló: habló

Luchir: fallar un tiro un disparo

Pelladas: peliadas, disputadas; jugadas

Pepo: acierto que se lograba al tocar una bola enemiga

Pepo y Cuarta: distancia exacta que había en tra la bola lanzada y la otra plantada

Pique: juego con bolas o canicas; lugar donde se realizaba dicho juego

Quepicharme: cargarme un bulto

Recoba; plaza, mercado de abastos