martes, 10 de diciembre de 2019

LA DEUDA SOCIAL


Hacía solo unos instantes que había llegado a esta agitada y populosa capital del departamento, en la seguridad que aquí lograría -por fin-, hacer efectivos los 57, 999 soles, equivalentes al pago de mis beneficios sociales e intereses; monto que muchas veces lo consideré perdido y clasificado dentro de mi rubro entierros obligatorios; toda vez, que esta arruga era tan vieja que ya había hecho su primera comunión y estaba a punto de lograr su mayoría de edad. Obviamente que durante el suplicio Chanka, este condenado ha sufrido una brutal metamorfosis, cual Gregorio Samsa: pasando de ser un paciente desempleado estatal más dócil que el dromedario Job, pero muy esperanzado en recibir puntualmente mi sencillo después de salir la 1ra. Resolución Directoral de pago; donde, además, se certificaba oficialmente el haber chambeado como un mulo y no digo como una mula porque luego me chifan por ser un empecinado machista y, consecuentemente, un convencido feminicida con machete en mano.
Averigüé hasta el cansancio dónde se hallaba la sede del gobierno regional y, finalmente, pude “hallarla” después de tomar 20 buses diversos, gracias a las precisas informaciones proporcionadas por la baja policía, los insomnes serenos y los ocupados “municipales”; luego, me vi obligado a consultar a una lugareña adivina que me sentó en sus 20 polleras y sacó su coca: solo ella fue quien me recomendó a jalones, lo mejor: tomar un colectivo expreso, sobre todo el de su yerno y, a duras penas, llegué a la sede del gobierno regional casi faltando 40 minutos para la hora de salida:
-Aquí está mi boleta de pago… yo soy el interesado, que vengo a…
-¡No, choche; tienes que presentar tu DNI, sino no entras, ¿yaaa?
-Pero, amigo, yo vengo de provincia… ¿voy a regresar por mi DNI?
-¡Sí, choche; sin ello, aquí no haces nada! Así que…
-¡Bueno, tendré que sacarlo… porque es el único documento que me acompaña…
Tras divagar por otros veinte minutos, subiendo y bajando como un loco ascensor, rodando por las 50 escaleras de los diversos edificios repletos de burócratas, paseando por los pasillos, pude ubicar la Oficina de Pago de la Deuda Social: cinco escritorios donde las secres estaban tarareando muy animadas y limándose las uñas, y un mueble más grande de la jefa, al centro, donde había una mole de proporciones incalculables, pues toda ella rebalsaba de la silla. Me miró despreciativamente y me gritó:
-¡Oe, amigo, ¿qué deseas? Rapidito porque estamos sobre la hora… escupe; perdón dime ¿qué quieres?
-Señorita, vengo por mi deuda social… yo estoy tratando de cobrarla desde mil novecientos…
-¿Por qué no te vienes mañana? Mejor te vienes tempranito y yo misma te atiendo…
-¡No puedo! Estoy viniendo desde el pueblito de…
-¡Lo siento mucho! Justo estamos sobre la hora y no te puedo atender; si quieres, anda “ande mi secre”, aquella que está en aquel pupitre… quizás ella tenga un poco más de tiempo…
Decepcionado hasta más no poder, con las piernas hechas una mermelada y con muchas ganas de mandar todo a la mismísima parte donde se van los malditos indeseables, solo me quedó, bajar pausada y amargamente los tres pisos subidos. Estaba abandonando el lugar y la desazón y el cansancio pudieron más y, ya en el patio, me senté en la banca de un pequeño jardín. No sé cuánto tiempo estuve allí rumiando mil maldiciones, buscando establecer cuál sería mi siguiente paso, cuando, de pronto, una chica de la limpieza, recogió su mandil y sentándose a mi lado me dijo:
-Amigo, te he visto subiendo y bajando todos los edificios… ¿lograste ser atendido? Porque aquí…
-¡Gracias! Por lo menos encuentro una persona interesada en mi problema… -¡No, solo ubiqué la Oficina para el pago de la deuda social; pero…
-Te han dicho que regreses mañana… que no encuentran tu código… que ese no es el verdadero monto…
-¿Y cómo lo sabes?
-¡Aquí todo se sabe! Luego de estar casi diez años en la misma porquería… pero chamba es chamba… Dime, ¿quieres recuperar parte del monto que te adeudan? Haz lo que te digo: ahora mismo, vas a la secretaría general y buscas a la 3ra. Auxiliar de limpieza, se hace llamar Shushú, le pones un verde en el bolsillo y le entregas tu expediente; ella lo va a revisar y si está conforme, te va a pedir el 25% del monto a cobrar y vienes la próxima semana para ver si estás en la relación y al próximo mes tienes tu cheque listito…
-¿Y no puede ser solo el 20%?
-¡No, porque el 15% es pa´la gente de arriba y el otro 10, para las otras secres y el choche de pagaduría…