¡Señoras y señores, bienvenidos al estadio de la alcahuetería profesional! El árbitro ya dio el pitazo inicial y los comentaristas, esos cracks del micrófono, arrancaron con su clásico pressing alto: simulada algarabía, gritos de “¡vamos, vamos!” y poses de hinchas imparciales… aunque todos sabemos que debajo del piyama llevan la camiseta blanquiazul bien escondida, como quien guarda un amuleto para la tanda de penales.
Desde el
minuto uno ya se veían clasificados en Cusco, soñando con cabinas imperiales y
hoteles cinco estrellas, mientras el eco de la tribuna coreaba el marcador
fantasma: “¡tres a uno, tres a uno…!”. Era como cantar el himno antes de
que suene el pitazo: pura fe ciega, puro pase filtrado a la ilusión.
Y claro,
después del tercer gol íntimo, los narradores se desgañitaban como si hubieran
metido un chilena en la final de la Libertadores. Saltaban en una pata,
celebraban como si les hubieran regalado los pasajes a la Sudamericana. “¡Era
merecido!”, decían, justificando la campaña irregular con la misma
convicción con la que un defensa justifica un codazo diciendo “fue hombro
con hombro”.
El relato se
volvía tiki-taka de elogios: Vizcarra, garantía bajo los tres palos; el
“Kaiser”, impasable como muralla china; Castillo, endiablado goleador; y el
“Depredador”, corriendo como si le hubieran prometido renovar contrato. Todo
era perfección, todo era relojito suizo. La tribuna extasiada, los narradores
al borde del orgasmo futbolero.
Pero, como en
todo buen partido, apareció el celeste “Chaval” con ganas de aguar la fiesta.
Sacó un muerto-vivo del sombrero y sus defensores, en mancha, empezaron a hacer
tiempo como si fueran expertos en el arte del antifútbol. Y ahí, amigos, empezó
el calvario: el número cuatro flotaba en el aire como mal presagio, como
tarjeta roja que el árbitro aún no sacaba.
El segundo
tiempo parecía solo de mero trámite, partido liquidado. El Kaiser gritaba en el
área chica: “¡Aquí no pasa nada!”. Pero apareció un Tíbiri Távara con
zurda mágica, se llevó a dos, a tres, a cuatro, barrió con todos los troncos y
dejó a Vizcarra arañando el césped. Golazo. Luego vino el segundo, y para
cerrar la faena, un tiro libre que enmudeció hasta a las colleras más
bullangueras. La tanda de penales fue la lápida: cuatro a la bolsa, cuatro
fatal.
Y mientras
tanto, los alcahuetes del micrófono seguían relatando como si nada. Porque aquí
no solo hablamos de goles, hablamos de soplos; pero no de encerronas, pubs y
vaciladas que se cuelan como contrabando desde tiempos de Valeriano y
Barbadillo. El profesionalismo, letra muerta. El fair play, un cuento chino. Y
las dirigencias, como DT que miran para otro lado, toleran todo porque lo único
que importa es el resultado, aunque sea con goles en offside.
Lo más grave
es que las divisiones menores aprenden de estos “cracks” de vida disipada. Los
chicos sueñan con ser ídolos, pero terminan copiando la falta de respeto, la
ausencia de preparación, la fiesta eterna. Y los comentaristas, ese 99% que se
las sabe todas, callan como defensas que se hacen los locos tras un penal
clarísimo. Ocultan, disimulan, rinden culto a lo caduco, a lo pasado, a los
apellidos de siempre.
Así seguimos,
repitiendo equipos como si fueran alineaciones de PlayStation guardadas en
memoria. Creyendo que lo bueno está en los recuerdos, que lo mejor es lo viejo
conocido. Y mientras tanto, nos quedamos en la copa… pero en la copa de la
esquina, la de la jarra tibia, la que se brinda para olvidar errores.
En
conclusión, este partido de alcahuetería profesional se juega todos los días.
Los narradores son hinchas convictos, los dirigentes árbitros complacientes, y
los jugadores cracks de la parranda. El público paga la entrada, pero recibe un
espectáculo de excusas y micrófonos vendidos. Y así, con la concha de seguir
pasando por agua tibia, pretendemos llegar al Mundial.
¡Final del
encuentro! Marcador: Alcahuetes 4 – Profesionalismo 0. El estadio se viene
abajo, pero no por la emoción, sino por la risa amarga de sabernos siempre en
tiempo suplementario… y con los mismos apellidos en la plantilla.
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