-¡Pájaro, ya sabes, tomorrow en el terminal… a las 6
o´clock; si no… ya fuiste!
-¡Yanto, como un solo puño, mi causa! ¿Ya watsapeaste a los
demás wones?
-¡De todas mangas! Pero si se
duermen, se joden… porque las hembritas están Top 20 y ellas me han asegurado estar
a la misma horacio en el Terrapuerto…
Con la ilusión a cuestas me fui
derechito al sobre… pues, por nada del mundo me iba a perder esa escapada donde
estaría la hermosísima Gata Sophie, mi compañera de clase y por la cual “se me
chorreaban la baba y los mocos”; según los marcadores oficiales de mi batería
del Primer Año de Derecho.
Abrí las persianas y el sol
empezaba a despertar. Miré mi bobo y marcaba las 5:35. Me di cuenta que solo
disponía de pocos minutos y recién reparé que no tenía ropa de baño, ni maletín...
estaba aguja. Subí al cuarto de mi hermano “El Gordo San Bernardo” y le tomé “prestadas”
ambas cosas. Al pasar por el baño, me tiré un cepillo de dientes, la pasta y la
toalla más bonita de mi hermana. Al atravesar por el cuarto de mis viejos, también
tomé prestados doscientos soles de un monedero que estaba muy a la mano y salí
embalado, arrastrando todo lo que estaba a mi paso y por poco me rompo el alma
al cruzar la calle y querer voltear la esquina para llegar al paradero de las
combis.
-¡Sube, sube choche, dentra al
fondo… quel carro está vacío pesss… Pisa fuerte, varón! ¡Vamooo!
Y la pobre bestia metálica arrancó
penosamente dando alaridos a los cuatro vientos y yo, en verdad, sentía que mi
puerco estaba totalmente en vilo porque recorrimos como diez cuadras y todavía no
hallaba piso. La robusta cobradora me tenía entre sus poderosos garfios y de un
solo grito me mando hasta el fondo:
-¡Dentra, pueee, choche… Pasa por
el lado izquierdo… que te doy un empujoncito… ¡Agárrate fuerte peee!
Y hasta la fecha no me explico
cómo lo hizo, pero pronto estuve al fondo, junto con el Chino Okalito Cam,
quien había subido unas cuadras antes:
-¡Flaquito, ¿manyal la hola?
Tamos jolilos, plimito… Amo a yegal pasao las seis o´clock… causa!
Bajamos a empujones por entre un
montón de caras sudorosas, cuerpos doblados en cuatro, rompiendo pesados
efluvios mañaneros, inmensas caderas tentadoras y cientos de ojos que todavía
estaban a media caña. Llegamos a la puerta del micro y la misma gorda, pegó un
jalón a los diez primeros y desocupó media combi.
-¡So sei y cualto, Flaco; tamo
jolilo… Segulamente ya ilse tolos eso wone!
-¡Arranca, arranca, chino media
lengua; ¡Que tu hocico se haga chichalón o chifa!
Por fin llegamos a la yapla,
donde nos estaba esperando toda la mancha, bajo un sol calcinante y una arena
que parecía estar hirviendo. Todos se cobijaban apretujados debajo de dos
sombrillas multicolor. Ese calor infernal le quemó las patas al chino haciendo
que se le desorbitaran los ojos y saltara frenéticamente dando soplidos
incesantes; pero le surgió un inusitado entusiasmo apenas vio a las chicocas.
Esta visión le arrancó una inmensa sonrisa y sus dientes gigantescos le taparon
toda la cara de felicidad; sin embargo, yo buscaba desesperado y no encontraba
esa primorosa coleta detrás de esas dos lindas esmeraldas que no me dejaban tirar
jato desde hacía muchos meses.
-¿Dónde se metieron ustedes, par de troncos? Nosotros tuvimos que venirnos
al toque -dijo el Pelao-, porque las flacas estaban que ya les salían raíces…
Ahhh, ¿la Sophie? no pudo venir porque…
Ese maldito dato lo presagiaba y al
escucharlo me mató. Ya estaba a punto de volver a mi hato. Me senté en esa maldita
arena y estaba rogando que se me pasen los huevos para tener una razón y
quitarme de una vez o que me trague la tierra. Cuando de pronto se me vino el
alma al puerco. Su caminar esbelto me era inconfundible y pronto vi que esa
coleta juguetona venía ligerita bailando alegremente al viento.
-¡Hola, choches…! Y, flaquito,
¿tas fresh? ¡Cuéntamelo todo y exagera!
-¡Ya peee, Flaco, no siga caleta!
¿Tlavía no fluye?... Mila que la flaca ta fuelte… ¿La mueve de ley o nooo? Yo
que tú, me la yevo a lateal… ¡Le flesa!
-¡Gatita, vamo a latear un ratón?
-Mejor… ¡nos metemos un chapuzón!
¿Tú que estás… bien chapado… un Mr. Universo de Luri…
Y se fue ligera, fuerte e
impetuosa, corriendo coquetamente en dirección al mar mostrando una sonrisa que
obligaba chaparla a como dé lugar. Salté como un resorte para seguirla y pronto
estuve en pie, pero mi short, sumamente holgado, se mantuvo clavado a la arena.
Más rápido que inmediatamente me lo subí y con la otra mano traté de mantenerlo
en su sitio. Mientras corría a s encuentro; recién recordé que mi hermano me
llevaba como 20 kilos y medio metro de cintura. Ella, juguetona y más atractiva
que nunca, me dijo:
-¡Flaquito de mi corazón, ¿a que
no me sigues con esta carpa?! Y se clavó perfectamente sobre una gran ola que
se venía impetuosa.
Traté de seguirla entusiasmado por
ese llamarme Flaquito, que en sus labios sonaba a dulzura. Respiré profundamente
como para impresionarla. Alcé los dos brazos y me metí un clavado que dentro de
mí decía: ¡perfecto, espectacular! Cuando quise salir, desesperado por encontrar
piso, me paré todo asadazo mostrando mi mejor sonrisa de oreja a oreja, sin
percatarme que, en el esfuerzo, otra vez se había quedado mi short para ir a
visitar las profundidades de Neptuno.
-¡Gatita, help, ¿Me ayudas?... He
perdido mi short… y me he quedado en pelotas…
Salí del mar cubriéndome solo con
aquella toalla que tantos silbidos burlones me hacía ganar sobre todo de mis
choches. Sin embargo y a pesar de todo me hallaba feliz porque “mi gata” en su
afán de cubrirme me tenía abrazado como un pulpo.
-¡No les hagas caso, -me decía-, Flaquito,
son unos imbéciles! Pero, la verdad, te confieso… Nunca he visto ese salto, fue
monumental; sobre todo al final, cuando saliste muy entusiasmado, saltando y
dando vivas con ambos brazos, gozando en el puro cuero…
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