Dicen que el pueblo siempre está listo para levantar la voz… pero resulta que nuestras dos neuronas rebeldes todavía no se ponen de acuerdo y prefieren seguir jugando al esconde-esconde. Mientras tanto, el contador de bolsillo —ese que solo sirve para sumar las propinas del cafecito— nos deja esperando, mudos, como si la correa del pantalón fuera a resistir eternamente. Spoiler: no resiste. Y cuando revienta, nos deja con los cocos al aire, justo en el fatídico 2025, acompañado de sus doscientos años de ensayo y error.
No es que seamos tontos, sordos o mudos… es que lo
practicamos con tanto entusiasmo que ya parece disciplina olímpica. Y ahí
están, treinta y tres millones de perusolimitados, zombificados, grabando su
propio spin-off de The Walking Dead, arrastrando chancletas hechas con
suela de chancho curtida en orines de onagro. Una pasarela de pusilánimes que
creen vivir en otra dimensión, rodeados de acémilas con plata y de fronterizos
que se carcajean como si el IQ fuera un chiste privado.
Y si uno, masoquista, se atreve a hacer el recuento
del añito de miércoles, descubre que la baja inflación es tan real como el
Huevo de Pascua convertido en director del BCR. Que las minas, la
agroexportación y el Chongreso con sus “invitadas VIP” son la vitrina de la
equidad. Que la gestión del gobierno es tan ejemplar que hasta Biafra se tapa
la cara de vergüenza.
La verdad: estamos metidos hasta el culantro en un
plato de picarones rancios. Los picarones de antaño ya tienen doctorado en el
Jirón Azángaro y se preparan para las elecciones como si fueran tesis
universitaria.
Las perlas del 2025
- Economía: lloraremos, cuando el populorum viaje en el
tren de Porky, ¡a toda máquina!, y descubra que estamos vendidos hasta las
orejas: Petroperú, Chongreso, asesorías, ascensos y puestos clave: todo en
franca liquidación.
- Salud: somos choborras de campeonato. La anemia
infantil es nuestra mascota nacional, las medicinas llegan después de la
pandemia y la TBC nos abraza con tanto cariño que nos escupe sangre en la
cara.
- Educación: seguimos en el siglo XX. Los profes celebran
feriados y remuneraciones mientras los alumnos apenas descifran las
vocales. Comprender, ya es sci-fi.
- Seguridad: lo único seguro es que si sacas la cabeza del
jato, terminas en la morgue. Las motos ya no hacen piques: ahora hacen
piques y piquetes.
- Desigualdad: tres polos políticos irreconciliables: Norte,
Lima y Sur. El centralismo sigue como dictador vitalicio.
- Impunidad: la justicia es un club privado. El condenado
sabe la pena antes de escucharla y los detenidos hacen turismo vivencial
con auspicio del Estado.
- Minería: depredadora oficial. La informal ya nos prepara
el “Cuarto Ambiente” para la próxima temporada.
- Corrupción: piedra angular de Perusalem. Desde los
espejitos de la conquista hasta los contratos actuales, seguimos siendo
campeones mundiales.
- Delincuencia: deporte nacional. Se entrena desde la primaria,
se perfecciona en la secundaria y se titula en la universidad. El
INPE aplaude la afinación técnica.
Conclusión
Estamos en piloto automático, con el tren descarrilado
y el chofer dormido. Eso sí: ¡a toda máquina! Porque si vamos a estrellarnos,
que sea con estilo, con picarones en la mano y la correa reventada.
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