Muy buenas noches, señoras y señores! Bienvenidos a la transmisión estelar desde el mítico estadio gastronómico “Chifa Latone”. La cancha está servida, los farolitos rojos iluminan el campo y el público ya se acomoda con su wantán frito en mano. ¡Se viene un partido que promete ser histórico!
Minuto 1:
Arranca el
encuentro. El jugador “Inconfundible” aparece en la cancha con un hoodie talla
XS. ¡Atención! La capucha no le cubre nada, las orejas parecen banderines de
córner y la nariz griega apunta directo al arco rival. ¡Error defensivo
garrafal! Desde dos cuadras ya lo detectan las cámaras furtivas. ¡Se encienden
las alarmas, el VAR pide revisión!
Minuto 5:
Los
noticieros entran como comentaristas de lujo. “Perusolimitado” despierta y el
chisme se convierte en gol cantado. ¡Se viraliza la jugada! Comparan la fuga
con Alan en moto y el lapicito escapando como delantero sin marca. La sopa
wantán ya sabe a gato chifado con sillao extra. ¡Qué partido, señores!
Minuto 12:
El
Inconfundible avanza en puntitas, como delantero que no quiere hacer ruido en
el área. ¡Mira a los lados, controla el balón con hoodie cerrado hasta la boca!
Parece un vampiro con gripe. Antes de entrar al chifa, hace un escaneo
panorámico: ¡pase largo con la mano siniestra! Señala a su séquito para que
ingrese solapadamente. ¡Jugada ensayada, señores!
Minuto 20 —
El choque de miradas:
—¡Hola,
Chino!
—¡Hola,
Choche…! ¿Quelel lo le shempe?
—¡No, solo
una sopita…!
—¡Gato
acabau, solo quelal wantán flito!
¡Qué diálogo,
qué toque corto en el mediocampo! Parece un tiki-taka de comedia japonesa
doblada al español. El Chino ofrece tamarindo y caramelitos, mientras el Choche
pide huevos como si fueran penales en tanda decisiva. ¡El tiempo apremia, el
árbitro ya mira el reloj!
Minuto 30:
El personal
del chifa corre como volantes de ida y vuelta. Juntan mesas, iluminan con
farolitos, preparan tres lugares misteriosos en un rincón. ¡Atención! Tres
sitios para solo dos jugadores. ¿Cambio táctico? ¿Se viene un refuerzo desde la
banca?
Minuto 35 —
Reclamo al árbitro:
—Oe, Chino,
¿por qué hay tres sitios si solo somos dos?
—Oeee…
Choche, yo alivinal que tú tlael lo locumento pa la fima…
—¡Nooo! Solo
traigo acuerdos…
—¡Nooo! Yo
prefelil locumeto fimalo
¡Se arma la
polémica! El Chino reclama contrato original, el Choche insiste en acuerdos.
¡Se piden papeles como si fueran tarjetas amarillas! El público grita, el
árbitro no sabe qué cobrar.
Minuto 45 —
Tiempo de descuento:
El Choche
propone crear un distractor. El Chino responde que tiene cincuenta dragones en
almacén, listos para botar fuego por la boca. ¡Qué jugada peligrosa! ¡Eso sería
incendio seguro! El Choche pide calma, que no quiere ver el estadio ardiendo.
Pero ya no queda sillao, ni tamarindo, ni caramelitos. ¡El partido se queda sin
balones, señores!
Minuto 90 —
Final del encuentro:
El Chino,
resignado, lanza la frase definitiva:
—¡Acabalse
potle y tampoco quedal calamelo! ¡Chau… ya sel muy talde, chau!
¡Se acabó el
partido! El marcador final: Choche 0 — Chino 0. Sin goles, sin sopa de choros,
sin huevos, pero con un chisme que ardió más que ají limo en la tribuna. El
estadio gastronómico queda marcado como el escenario de la fuga más ridícula y
graciosa de la historia culinaria peruana.
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