—¡Sin lugar a dudas, toda la culpa es del Evo!
—¿Y qué tiene
que ver el pobre boliche…pedseguido, escondido… pero gozando de lo lindo con
sus amantes y amadas pasñitas en las profundidades del Alto, mientras el resto
del Altiplano se atraganta con discursos y bloqueos.
El problemón
es que los corderos, esos santos animalitos, han sido declarados intransferibles
por la huelga general en el puente del
Desaguadero; de tal manera que ni con salvoconducto en los cachos, ni con el recibo
de la aceitada pagada en ambos lados los dejan pasar. Bolivia convulsionada y sus
obreros enardecidos, encima deben negociar en soles peruanos. Resultado: los
borregos se quedaron patas arriba; pero solidarios hasta la pezuña, contagiaron
la protesta a sus primos hermanos de Puno. Y así, ¡adiós carne de cordero en el
sur del carnívoro Perusalem!
Cosas del
destino: ayer por la tarde aparecieron más de cien colitas vivitas y coleando
debajo de un puente en Cerro Colorado, AQP. No son colitas venecas, comprobado.
Apenas recogieron cien, pero la rabia se desató como si fueran despojos dejados
por los comandos de la China Fuckinmore, y claro, la primera reacción fue
ladrar como perro callejero. Pero cuando confirmas que son militantes KK
naranjados, te entran ganas de morderlos a cachete limpio y aullar a la
luna ante su perruna presencia.
Luego, el
futuro cárnico en Tierra Santa se pinta más negro que mocho padrillo sin
mercado ni mesa. Las picanterías lloran: sin esta carne suave y deliciosa:
entonces…¿qué será del chupe blanco, del caldo de cabeza, del costillar que
hace suspirar? Todo por culpa del Evo, que parece detestar el cordero y
prefiere chivo o las carnes altiplánicas. ¡Qué tragedia gastronómica!
Eso sí,
nuestras vendedoras de abasto ni se despeinan. Lo único que les importa es
vender carne, sea de cordero, cabra o vaya a saber de qué bicho…control
sanitario, procedencia, tiempo de duración… bah, detalles. Con bajar el precio
del lomo, te lo despachan en dos por tres, asegurando que el chupe te va a
salir de rechupete. Y tú, crédulo, te lo crees.
Mientras
tanto, los borregos de Cochabamba, Potosí, La Paz y Oruro seguirán metidos en
sus manifestaciones. Aquí, en cambio, nos pelearemos a cucharazos por un buen
caldo. Y habrá que esperar que Evo, en gesto magnánimo, se convierta en
cordero, deponga los cachos y calme los disturbios. Aunque pensándolo bien, el
peligro en ciernes es mucho peor, cuando nos encajen carne de mula otra vez. Y
sin congresistas, ¿qué? Tal vez no estaría tan mal. Al fin y al cabo, las mulas
son más tercas pero menos corruptas.
El verdadero
pecado sería que, tras dos semanas de abstinencia cárnica, terminemos viciando
el voto. Eso sí sería traición con rabo, renegar de nuestros principios
elementales y seguir creyendo en las inexistentes bondades de la honradez y
democracia en este país de miércoles. Porque aquí, entre borregos huelguistas y
mulas parlamentarias, lo único que prospera es la estupidez: invisible,
infinita, y capaz de mover masas como si fueran ganado rumbo al matadero.
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