…/// EPÍLOGO
La senté
como pude y traté de reanimarla metiéndole una ramita de ruda guardada en un
tarro desde una semana atrás y su recuperación fue instantánea:
-¿Cómo me
dijiste, papito? ¡Que me necesita? No puedo más y cojo mi escoba, digo, mi
combi y me voy volando a la sacristía…
-¡Un toque,
Roque! ¿Por qué no vuelve mañana? ¡Mire… que le tengo una ganga: si me trae
tres colegas…le cobro la mitad!
-¡Yo le
mando seis…esta misma tarde! Y no creo que pueda venir hasta la próxima semana
porque… Voy estar muy ocupadita con la cosa; digo, las cosas del padrecito…
Efectivamente,
sería como las tres de la tarde y a lo lejos se venía venir una pequeña procesión
ordenada de velos negros que avanzaban con un paso menudito, como apuraditas en
pos de recibir algo que desbordaba sus ganas…
-¿Quién es
la primera? ¿O quién quiere ser atendida en primer lugar…y ya saben que la
consulta cuesta cincuenta solanos; pero como han venido en mancha…solo abonarán
cuarenta cada una…
-Ella…será
la primera porque es la mayorcita, como puede verse; es más, tendremos que
estirarla para que pueda leer…son tantas sus arrugas…
-¡Qué cosa?
¿Mayor, yo? ¡Tu mamita, que en paz descanse (si tú la dejas); aunque esto de
las arruguitas…se soluciona con un tantito de piedra lumbre; en cambio, lo
tuyo, ni con diez estiradas te podrán cambiar tu cacharro…pero, vamos al
asunto, y aquí está mi biyete de cien lucas…pero por dos leídas… ¿Nooo?
-Bueno,
Bueno… ¡Adelante…deme la mano…para subirla…! Diga, mi joven y bella damita…¿Qué
quieres que te lea?
-¡El
Decamerón…pero todas las noches…en mi camita! ¿Te animas? Mira que aquí hay
billete…y de los verdes…
La verdad, en
el acto quedé pasmado por la reacción de la tía, quien estaba con un kilo de
maquillaje en cada cachete, tratando de destacar, sobre todo, aquellos ojillos
diminutos pero vivaces que los hacía bailar mientras esbozaba una permanente
sonrisa entre los innumerables pliegues que moldeaban su rostro blanquecino. De
rato en rato, agachaba su cabeza y me miraba maliciosamente de reojo… -(´Ta que
esta es una maldita bruja…¿En qué manos he venido a caer?
-En serio,
¿por dónde empiezo la lectura de tus manos? Mira, que el tiempo vuela y no voy
a poder mirar la palma de tu mano…
-¡No me
importa! Puedes ir a mi casa cuando quieras… ¡Dime una fecha… y que sea por la
noche…y abandona tu consulta… Además te la ordeno a toda esta gente que ha
venido conmigo y todas me obedecen…¿Qué dices? La que viene se llama Anselma, es
bastante cegatona y casi es una tapia completa…no escucha nada y es más
salamera que yo… !Suelta de una vez!
No podía
creerlo; todo lo que estaba sucediendo me parecía una alucinación.
-A ver, mamita…dame
tu diestra pa…
-¿Qué ande
es la fiesta? No, noooo…yo he venido pa´que me leas mi suerte…Así que dame la
mano pa´ poder subir a este armatoste…Aunque lo más importante es a lo que he
venido…!Vamos, pueee! Que me muero por saber acerca de esta angustia que me
está matando y no sé a qué se debe…
-Ahora te
toca a ti…que eres la más joven y agilita; de un solo salto te has subido sin
necesidad de ayuda alguna… A ver… dime tu nombre…
-¡Adivina
pueee…! ¡Queee… ¿no eres adivino? Si quieres te doy una ayudita. Mi nombre
empieza con E…
Felizmente,
en ese momento que empezaba a tener intensos sofocos ocasionados por la
indumentaria cargada por tato rato, el pesado sombrero punteagudo y más por el
momento vivido, pude ver en su cadenita una palabra grabada donde parecía leerse
un tanto borrosa la palabra Electr… Y se me prendió el foquito:
-Indudablemente,
mi querida…amiga, si me lo permite… su bello nombre está relacionado con la
luz, con una divinidad…una diosa…Su nombre es Electra…
Y me quedé
observando cuidadosamente la reacción de su rostro. Un sutil y maliciosa
sonrisa se dibujaba entre sus pliegues ajados por los años y sus ojitos
brillaron con una intensidad inmediata.
-Sí, pue…
ya quedo convenida que eres todo un adivino; por lo tanto, quisiera que me
digas: ¿qué es lo que me va a ocurrir mañana por la noche? Y así quedaré
completamente convencida de tus dotes adivinatorias y te daré el doble de la
consulta…
-¡Mañana
recibirás la visita de un caballero que te desea…
-¿Cómo? A
ver…!Repite lo que acabas de decir…!
-Que
recibirás la visita de una caballero que te desea conocer…
-¡Ahhh…
bueno! Pero de lo demás yo me encargo.
Las primeras
sombras de la noche hacían su aparición, resaltando la luz rojiza que emanaba
de mi pequeña lamparita; pero cada vez me sentía más tranquilo; hasta contento
diría yo por el éxito obtenido en esta tarde…Cuando, de pronto, intempestivamente,
un uniforme apareció delante de la mesita. Obviamente, allí estaba parada
marcialmente y adoptando una pose de desafío. Puso las manos en la cintura y
violentamente me espetó en pleno rostro:
-¿A que no
adivinas quién soy? ¿Tu licencia?
Y hasta la
fecha no puedo adivinar qué fue de mi consultorio móvil, ni de mi atenta
vecina; mucho menos de la pena que me va a caer por desacato y agresión a la
autoridad.